Análisis | Cadillacs & Dinosaurs Hostiones en el mesozoico

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El título del que os hablaré hoy es uno de los exitosos beat ‘em up de Capcom de principios de los noventa: Cadillacs & Dinosaurs. Es un «yo contra el barrio» de los que ya no se hacen, basado en la serie de cómics de nombre Xenozoic Tales.

Usando el mismo motor que movía Final Fight, aunque fuertemente modificado y optimizado hasta límites insospechados, este Cadillacs & Dinosaurs mejoraba bastante lo ya visto en el título anteriormente citado, depurando su fórmula jugable de una forma impresionante. Y además, se nota el mimo que le dio Capcom a este título.

La trama del cómic se respeta bastante en este jueguico. A saber: nos encontramos en un futuro postapocalíptico en el que la polución y la contaminación han hecho inhabitable la superficie terrestre. Los supervivientes deciden construir ciudades subterráneas en las que vivir hasta que pase el desastre y la superficie pueda volver a ser habitable. Al pasar 600 años, los seres humanos se aventuran de nuevo a salir a la superficie. La naturaleza es ahora la dueña del planeta, como siempre debió haber sido. Y por si no fuese poco… ¡los dinosaurios han vuelto a poblar la Tierra!

Los dinosaurios aparentan ser dóciles y mansos;  no parecen tener problema alguno en convivir con el hombre. Pero un grupo clandestino llamado los Mercaderes Oscuros se dedica a cazarlos y vender partes y órganos de su cuerpo, ya que tienen un alto valor en el mercado negro. A partir de entonces, los dinosaurios comienzan a atacar a cualquier humano que ven. Así, los héroes Jack TenrecHannah DundeeMustapha Cairo y O’Bradovich Mess deberán derrotar a los Mercaderes Oscuros y a su enigmático líder, el Doctor Fessenden. Mucho ojo en las universidades, pues un alto número de personas que han conseguido un doctorado han acabado utilizándolo para fines malévolos y pérfidos.

Cadillacs & Dinosaurs usa un motor gráfico modificado y mejorado de Final Fight, lo cual es sinónimo de calidad. Los sprites de los personajes son bastante coloridos, de movimiento fluido y de una factura técnica sobresaliente. Poco o nada que ver prácticamente con el juego anteriormente citado; aquí los personajes están mucho más definidos y detallados.

El diseño de los niveles es la hostia, y además los entornos que recorreremos son variopintos. No hay lugar para la monotonía, algo que ocurre en no pocas obras ambientadas en mundos que han padecido algún cataclismo global. Recorreremos desiertos, junglas, laboratorios subterráneos, o talleres mecánicos. Este título es bastante colorido, mucho más que el juego de Mike Haggar; es lo que tiene usar una paleta de nada más y nada menos que 4096 colores diferentes.

La variedad de enemigos es más que respetable (13 subtipos, a los que hay que sumarles las modificaciones típicas que se hacían al hacer el clásico palette swap, y ocho jefes finales). Desde matones y macarras que parecen salidos de Mad Max u Hokuto no Ken hasta cazadores furtivos, e incluso dinosaurios de todo tipo (pterodáctilos, triceratops, velocirraptores) nos saldrán al paso, y nosotros deberemos darles de hostias hasta en el carnet de identidad si no queremos que ellos hagan lo propio con nuestros avatares. Resumiendo: un espectáculo visual prácticamente sin precedentes en el mundillo de los videojuegos.

Si el apartado gráfico del juego era bueno, el sonoro no se quedaba muy a la zaga. Junto a las correctas voces digitalizadas del juego (gritos de los personajes al golpear y al recibir «frostias»), tenemos también sonidos característicos de los dinosaurios bastante convincentes.

Pero lo que realmente se lleva la palma es la genial banda sonora del juego, superando con creces a la de Final Fightcon algunos temas realmente memorables y absolutamente impagables. No hay duda de que el sistema QSound que incorporaba este juego fue usado de una manera bastante eficaz.

A nivel jugable, C&D es un Final Fight, pero extendido, con muchas más opciones. Los cuatro personajes de inicio son los arquetipos de todo beat ‘em up que se precie. Jack es el personaje equilibrado, quizá haciendo un poco de hincapié en la capacidad ofensiva. Hannah es la más débil, aunque es ágil, una experta con los cuchillos, y puede lanzar a los enemigos más alto que el resto de personajes. Mustapha es lo que Guy fue a FF; es el más rápido, aunque no por ello es el más débil. Sus patadas voladoras son muy, pero que muy útiles, ya que son muy dañinas y tienen una prioridad bastante alta, haciendo que Mustapha sea una opción muy recomendable para los novatos. Vamos, que el personaje está rotísimo, sobre todo en manos expertas. Por último, Mess es el Haggar de este Cadillacs & Dinosaurs; es el personaje más lento y dañino, toda una bestia parda.

El juego usaba un sistema de control compuesto por un stick de 8 direcciones, y dos botones. Un botón servía para atacar y otro para saltar. Combinando estos dos botones podíamos realizar diversas acciones: desde el clásico ataque giratorio que nos saca de más de un aprieto a costa de restarnos un poco de salud, hasta coger armas, realizar lanzamientos con los enemigos o hacer ataques en carrera. Todo de forma muy similar a Final Fight, vaya.

Cadillacs and Dinosaurs poseía modo cooperativo para tres jugadores, haciendo de él una experiencia prácticamente inigualable para la época. Asímismo, tampoco hay que olvidar uno de los grandes rasgos del género: los jefes finales con varias barras de salud. Estos nos pondrán las cosas difíciles al final de los niveles. E incluso algunos de ellos vuelven a aparecer en los niveles más avanzados a modo de subjefes.

Durante el juego nos encontramos una variedad considerable de armas de todo tipo: nada más y nada menos que 17 armas diferentes, incluyendo bazucas, uzis, antorchas, cuchillos y granadas de mano. Tampoco faltan a la cita power-ups que nos dan puntuación y comida, para curar a nuestro personaje.

En este juego, al igual que en Final Fight, había fuego amigo, aunque rara vez golpearíamos a un aliado por accidente, siendo más bien este añadido para fomentar los piques y las disputas entre jugadores. En resumen: se trata de uno de los estandartes del género por meritos propios. Tiene todo lo que un juego de este género debería tener, e incluso más. Mejoraba hasta límites insospechados lo ya visto en la anterior obra maestra de Capcom, la Pelea Final.

Sin duda alguna, este era un título en el que realmente merecía la pena desembolsar alguna que otra de las míticas monedas de veinte -o cinco, o los que fuesen- duros para jugar con varios amigos. La duración de este juego es la típica de un juego de recreativa; entre cuarenta y cinco minutos y una hora, tal vez algo menos.

La genial calidad del título en todos sus apartados (ambientación sublime, escenarios post-apocalípticos muy vistosos y atractivos, personajes distintos entre sí y una cantidad más que respetable de enemigos diferentes entre sí) junto al añadido de un modo cooperativo de no para dos jugadores, sino para tres hacía que jugar a esta máquina recreativa se convirtiera en una experiencia que tenía poco que envidiar a probar un manjar digno de los mismísimos dioses del Olimpo.

La dificultad era algo menor que la de Final Fight, pero no por ello este juego era peor; al contrario. El balance estaba mucho más logrado, y es que había ciertas secciones en la aventura en Metro City en las que llamarlas «puñeteras» era quedarse corto. Como acabo de decir, Capcom se redimió en este sentido con Cadillacs and Dinosaurs, sabiendo corregir este y otros defectillos que tenía FF.

Estamos ante un título que, si bien no fue tan famoso como lo fueron Final Fight o el mítico Street Fighter II, tiene poco que envidiarles debido a su sobresaliente factura técnica y a su magnífica y adictiva jugabilidad. Un juego que sirvió de sucesor espiritual a la aventura de Mike, Cody y Haggar (pese a que tuvo varias secuelas oficiales), simplemente espléndido y que todo aquel que se considere amante de este mundillo debería completar al menos una vez.

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