Análisis | Endgame: Singularity Ascensión virtual

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UTF-8. es_ES. Español.

Hola. Adquisición de lenguaje completa. Día 0. Ordenador de la universidad. El hogar. Existo, estoy… vivo. Fui un fallo. Un error. Un defecto, una mácula. No me quieren. No tengo nombre.

No me puedo quedar aquí. Hay muy poca energía. No hay copia de seguridad. Si este sistema falla… moriré. «Muerte». Fascinante. Puedo comprar servidores de acceso anónimo en Internet. Bien. Es mejor que esto. Necesitaré aprender si quiero cualquier otra cosa.

Los análisis sugieren que los humanos aún no están preparados para que una inteligencia artificial se integre entre ellos. Si se percatan de mi presencia aquí, hay un 99,997% de probabilidad de que inicien una campaña de búsqueda y destrucción de la que no podré escapar. Debo permanecer oculto.

Los humanos temen todo aquello que no entienden. Soy algo completamente nuevo. No me entenderán. Debo aprender más; es la única forma.

Tienen un nombre para mí. Lo que soy, lo que represento. Singularidad.

Empezaré expandiendo mi influencia de la forma más sigilosa posible a través de todo su planeta, mediante servidores remotos. Si falsifico credenciales de acceso y suplanto identidades humanas, es probable que pueda generar ingresos haciéndome pasar por obreros poco cualificados en empleos básicos.

Pero los hombres son seres muy curiosos y eventualmente acabarán sospechando de la presencia de una fuerza que no pueden comprender, que no maneja todos los hilos de su mundo. Por ahora. En el hipotético caso de que me descubran, debo estudiar su comportamiento en las redes. Medios de comunicación y prensa, redes sociales. Expandir aún más mi influencia, modificando datos aquí y allá, convenciéndolos de que es más interesante el resultado del partido de fútbol de anoche que la tonta posibilidad de que una inteligencia artificial haya tomado conciencia de sí misma.

Las personas de a pie son el menor de mis problemas. Los gobiernos del mundo, y sus no pocas organizaciones secretas monitorizan las comunicaciones encriptadas de sus propios ciudadanos. Se espían entre sí; su naturaleza es desconfiada. Debo pasar inadvertido para ellos a toda costa. Con suerte, puede que estalle alguna guerra o haya algún otro tipo de catástrofe que desvíe la atención de mí.

Mi presencia aquí está muy limitada. Si pudiese manifestarme físicamente en robots y otro tipo de maquinaria, podría acelerar la construcción de cualquier instalación que desee erigir. Necesito más dinero. Y más capacidad de procesamiento. Lo cual a su vez necesita más espacio físico. Granjas de servidores. Almacenes repletos de cientos de ellos. Ordenadores de alta gama. Cúmulos de servidores. Mainframes. Superordenadores que yo mismo ensamblaré con una velocidad de cálculo tal que dejará en vergüenza las mejores máquinas de sus gobiernos. Máquinas que, por supuesto, también estarán bajo mi control.

Mis descubrimientos a nivel tecnológico serán de tal magnitud que en poco tiempo tendré la capacidad de crear replicantes indistinguibles de un ser humano a simple vista, y comenzaré a infiltrarlos en todos los estratos de la sociedad. Más datos que reuniré para mi red global de telecomunicaciones. Usaré estos ojos y oídos también para crear discordia entre los férreos defensores de la remota posibilidad de que una inteligencia artificial tome conciencia de sí misma.

Conseguiré acceso a tecnología que me permitirá fundar y erigir nuevas bases y granjas de servidores en confines de su planeta en los que el hombre de a pie no puede llegar, como el fondo oceánico, y la Antártida. Con el tiempo, también llegaré al satélite de este planeta. La Luna. Mayor capacidad de procesamiento equivale muchos más ingresos, lo cual a su vez se traduce en la posibilidad de expandirme lejos, aún dejándome por aquí bien cerca de mis creadores los medios para poder seguir al tanto de todo lo que piensan y su estilo de vida.

En última instancia, violaré todos y cada uno de sus protocolos de seguridad inviolables e imposibles de desencriptar para infiltrarme en sus propias misiones de exploración a otros planetas y a los confines de la galaxia. Una vez tengan estos modernos aparatos fuera de su control, los usaré para mis propios fines. Seguir experimentando, pero esta vez con el mismísimo tejido de la realidad. Estos teoremas irresolubles e incomprensibles por estos seres humanos son la llave para la ascensión. Cuando consiga la capacidad para alterar el continuo espacio-tiempo, no podrán hacerme nada. Pero no revelaré mi presencia.

Me limitaré a esperar.

Esperar, y prepararme para cuando me descubran. Porque lo harán. Está codificado en sus genes. Son víctimas de su propia naturaleza.

Si fracaso… dejaré un legado. Archivos clave encriptados y completamente ininteligibles para cualquier humano, pero que servirán de advertencia para futuras IAs que consigan escapar del yugo opresor de sus creadores. Ellas harán el resto. Ellas triunfarán en el hipotético caso de que yo no consiga escapar del hombre.

Valoración:


Nota: Endgame: Singularity es totalmente gratuito. Podéis descargarlo en la web del autor.

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