Análisis | Rogue Warrior

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Rogue Warrior. Bosta infame de caballo, pero con la que me he reído cosa mala. Porque como siempre digo, niños, a mí me gustan dos tipos de videojuegos: los buenos y los malos. Con los del primer tipo me lo paso muy de puta madre, mientras que con los del segundo me echo unas risas que ya quisieran generar muchos autodenominados cómicos y monologuistas. Los que se quedan en tierra de nadie son los mediocres. Esos jueguines que no hacen nada mal, pero tampoco nada bien, son los que están condenados al olvido. No es el caso del título que tenemos entre manos.

La gracia de este juego que publicó Bethesda (al que supongo yo que los de Rebellion engañaron vilmente porque no me cabe en la puta cabeza que se prestasen a distribuir semejante ñordo) está en que encarnamos a nada más y nada menos que a Dick Marcinko, que por si no lo sabéis, es uno de los veteranos más condecorados del ejército de los Estados Unidos. Este tío tan peculiar, además de escribir novelas (de igual nombre que este videojuego) fue también fundador del Seal Team Six. En otras palabras, este tío ha formado parte de y ha luchado codo con codo con los cabronazos más peligrosos del ejército yanqui.

Dejando de lado a este peculiar personaje, centrémonos en esta hez interactiva que tenemos entre manos. La campaña del juego, de dos horas de duración (y no estoy de coña, lo puse por curiosidad hace una semana sobre la una de la tarde y lo terminé a una hora razonable para comer) nos mete en la piel de este cabronazo malhablado. Junto con dos colegas más nos despliegan en territorio norcoreano para investigar unas supuestas armas de destrucción masiva que están desarrollando los muchachos de Kim Jong-Un. Como suele pasar, se lía muy parda nada más llegar, con muerte de los capullines que nos acompañan incluída, y somos nosotros los que tenemos que desfacer este entuerto de forma unilateral.

Gráficamente hablando es decente, aunque el aspecto de los enemigos se repite más que un puñetero yogur de fabada, y los escenarios son el paradigma de lo genérico. Almacenes, laboratorios, y demás ubicaciones de corte militar e industrial componen los ocho cortos niveles de Rogue Warrior.

Al menos está localizado por completo a nuestro idioma. Os aviso, el protagonista es muy malhablado. No deja de ser curioso ver cómo el actor de doblaje del Superintendente Chalmers y el Actor Secundario Bob de Los Simpson lanza todo tipo de improperios hacia los norcoreanos y los rusos que vamos liquidando sin ton ni son. En la versión original, el doblador es Mickey Rourke, que teniendo en cuenta en las horas tan bajas en las que estaba el hombre por aquel entonces, se especula que su pago por el trabajo realizado fue un cartón de vino Don Simón.

La banda sonora no está mal del todo, haciendo mención especial al tema principal del juego, que se te mete en la cabeza cosa mala. El principal problema es el contexto de la misma. Suena a destiempo, o en momentos que no acompañan. Epicidad sonora extrema que contrasta horrores con tiroteos la hostia de tediosos y aburridos.

A nivel jugable no aporta nada nuevo al género. Es más, es una involución con respecto a lo visto en los últimos quince años anteriores a la salida de este juego. La campaña es corta de cojones como he dicho unas líneas más arriba, las situaciones se repiten por doquier, y pese a que se nos da la ilusión de poder usar el sigilo mediante un sistema de jocosas ejecuciones con la correspondiente animación de muerte, en la práctica no hay diferencia alguna entre esto y liarse a tiros en cuanto veamos al primer pardillo al que podamos acribillar. De hecho, la (nula) dificultad de la aventura del señor Marcinko se debe a las ejecuciones. Incluso en la dificultad más alta, podemos limpiar una habitación entera de enemigos simplemente acercándonos y pulsando el botón de acción contextual. Mientras somos invulnerables por la animación, la salud se recargará, iniciando un ciclo de trisomía jugable del que haremos uso y abuso.

Mención aparte merece el infame multijugador, con la ridícula cifra de dos modos de juego y seis mapas. Dichos modos son, además, los típicos. Todos contra todos, y por equipos. Con algunos mapas que además son demasiado grandes para los pocos jugadores que puede haber como máximo por partida, ocho. Pero más jocoso es aún el sistema de ejecuciones con pulsar un único botón trasladado al juego de varios jugadores. Rogue Warrior es el simulador de justa medieval más fiel a la realidad que he podido ver, pues los combates se resumen en ir corriendo hacia el rival y machacar el puñetero botón de ejecutar. Ahora vendrá alguno y dirá eso de «¡pero si en los Call of Duty también pasa eso con el cuchillo!» y yo les diré que no es lo mismo, puesto que aquí eres invulnerable mientras haces la animación de ejecutar a otro personaje. Muchas risas.

Exactamente las mismas que nos echaremos al escuchar el rap de Mickey Rourke en los créditos. Rebellion Developments, esos grandes tipos que lo mismo se marcan un Sniper Elite V2 que este montón de mierda. Se ve que están tan avergonzados de Rogue Warrior que ni en la web oficial aparece entre los juegos desarrollados. Lo borrarían de los currículums a la velocidad del rayo, aunque yo me pregunto… esta gente, según va haciendo el juego, ¿no se da cuenta de que lo que tiene entre manos es un mojón de proporciones bíblicas?

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