Análisis | The Bureau: XCOM Declassified Necesita autorización de nivel 5

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A The Bureau le ha pasado lo que a muchos otros títulos: pese a ser juegos más que decentes y recibir unas críticas acordes a su calidad por parte de la prensa especializada, no han conseguido vender un mojón. Este caso en concreto es muy sangrante, puesto que este videojuego que salió en Agosto de 2013 no ha tardado ni seis cochinos meses en estar a siete euros escasos nuevo en cualquier tienda de jueguines. Yo me lo compré cuando le hicieron la primera rebaja, a treinta euros. Y no me arrepiento.

Este spin-off de XCOM nos sitúa en los años sesenta, cuando la Guerra Fría estaba en pleno apogeo y el pánico nuclear se cernía sobre prácticamente todo el globo. Somos el agente Carter de la CIA, quien tiene la misión de llevar un objeto de alto valor a unos laboratorios de investigación. Como es normal en estas misiones de recadero, algo sale mal y se lía muy parda. ¿Lo jocoso del asunto? Que no son los rojos los que atacan los Estados Unidos, sino que es una jodida invasión alienígena. Al cortarse las comunicaciones con el Pentágono y la Casa Blanca, se asume que han caído bajo las zarpas de los aliens, por lo que se activa el proyecto The Bureau, que es un plan de emergencia de los EEUU ante una hipotética invasión a gran escala. No, si va a resultar que los yanquis hicieron bien en ser unos paranoicos de tres pares de cojones.

A nivel técnico, The Bureau cumple con todos los estándares que se le debería exigir a un videojuego de estas características, y más teniendo en cuenta que no hay multijugador alguno que pueda alargar la experiencia de juego más allá de la campaña de un jugador. El diseño de los personajes y sus animaciones resultan tremendamente convincentes. La expresividad facial en las escenas realizadas con el propio motor de este título son algo a tener en cuenta.

Al plantel de enemigos clásicos de la saga como los Mutones y los Sectoides se suman otros menores como los Silicoides, y la principal amenaza: los Intrusos. Todos muy feos y de comportamiento distinto, aunque cada uno acojonante a su manera. Está bastante bien verlos moverse por el campo de batalla con total libertad. Los hay a raudales y la sensación de inferioridad tanto numérica como tecnológica está muy lograda. En otras palabras, no es lo mismo verlos ahí estáticos en los juegos de estrategia por turnos que verlos venir en tropel hacia ti.

La atmósfera del juego también está bastante conseguida, y meternos en este universo de conspiraciones gubernamentales y bichejos galácticos es muy sencillo gracias al muy buen trabajo que se ha hecho aquí con el Unreal Engine 3. Los escenarios son bastante variados, y la devastación causada por los Intrusos en todo tipo de poblaciones civiles es más que palpable. También visitaremos otras localizaciones menos típicas, como instalaciones tomadas por los aliens que desafían las leyes de la física, estaciones espaciales e incluso bases extraterrestres.

Al armamento de la época tal como escopetas M1987 o carabinas M1 hemos de sumar el arsenal que podemos robar a los alienígenas para, mediante ingeniería inversa, poder utilizarlo nosotros también. Estas armas son más potentes que sus versiones humanas y de plomo, y con más lucecitas y brilli brilli. Todo muy de literatura pulp, vaya.

Hay luces y sombras en el apartado sonoro, pues mientras que la banda sonora me ha parecido muy sosa y genérica (para estos casos siempre tengo una regla: la calidad de la OST de un videojuego es directamente proporcional a la cantidad de tema que consigas recordar, y aquí no recuerdo ni uno), la localización completa al castellano es de las que da ejemplo. El doblaje es realmente bueno, y hay subtítulos completos en nuestro idioma. Las voces de los actores son variaditas, y no son, como yo los llamo, «los cuatro de siempre».

Jugablemente hablando, estamos ante un third person shooter con coberturas y en el que podemos dar órdenes a nuestros compañeros de escuadrón. Todo ello edulcorado con una ruletita de poderes que ralentiza el tiempo mientras está siendo utilizada. Todo sospechosamente parecido a lo ya visto en la saga Mass Effect. Si todo se quedase ahí, bueno. Sería una mera coincidencia. Pero cuando también tienes un sistema de conversación en el que las distintas opciones también están divididas mediante una ruleta, no hay ningún género de duda. Estamos ante un Mass Effect de garrafón.

¿Que copia? Sí. Pero ojo, porque es una copia pulida, refinada, y bien hecha. Nada que ver con el primer título de Bioware (sí, el infame videojuego en el que lanzábamos granadas con el botón BACK). Aquí da realmente gusto volarle la cabeza al alien de turno mientras nuestros compañeros despliegan torretas y causan un daño atroz a distancia con fusiles de pulsos alienígenas. Lástima que su IA (la aliada) no acompañe, y en las dificultades más altas nos dan más dolores de cabeza que otra cosa. Es ciertamente frustrante ver cómo los enemigos gestionados por el propio juego son capaces de compenetrarse entre sí para rodearnos o atacarnos desde distintas posiciones a la vez, mientras que nuestros compañeros se dedican a estorbar y poco más.

Hay un sistema de clases, tal y como en el original, y en función de la clase a la que pertenezca un soldado en concreto, tendrá acceso a ciertas armas y ciertos poderes. El comando está pensado para ser la punta de lanza de nuestro ataque, el reconocimiento se ocupa de campear muy mucho a los enemigos con fusiles de francotirador, el ingeniero puede desplegar torretas y minas, y el soldado de apoyo tiene armas pesadas y puede desplegar escudos. El personaje del jugador tiene una serie de habilidades bien distintas, principalmente centradas en mantener al equipo con vida mediante curación y drones de apoyo, con la opción de causar el caos y la algarabía entre las filas alienígenas con el control mental.

En cualquier caso, estamos ante un videojuego que se deja jugar y cuya ambientación te atrapará prácticamente al instante. Mainframes la hostia de grandes, todo el jodido mundo fumando en las oficinas, trajes elegantes… una época cojonuda. Pensad en él como en un Mass Effect ambientado en los 60. A nivel jugable prácticamente no hay diferencia entre el título de 2K y el de Bioware. The Bureau tiene una duración, digamos, acertada (no te lo ventilas en una tarde, pero tampoco se hace pesado), con varias misiones secundarias y unos diálogos de lo más interesante. Tiene una expansión que actúa de precuela a la trama principal, aunque no es estrictamente necesario jugarla para disfrutar del argumento en su totalidad. Está ahí, para el que se haya quedado con ganas de más. En cualquier caso, al precio ridículo al que está este videojuego, es un delito no hacerse con él.

 

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