Análisis | Golden Sun: La Edad Perdida Magnífico punto y aparte

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Golden Sun: The Lost Age -La Edad Perdida en territorio patrio- es la inevitable secuela de Golden Sun dado que este primer capítulo dejaba no pocos cabos sueltos precisamente. De hecho, ambas partes podrían considerarse una misma obra, dividida convenientemente en dos capítulos. La gracia está precisamente en que en esta secuela encarnamos a varios miembros del grupo antagonista en el primer juego. Mientras que nuestra misión en el juego anterior era evitar a toda costa que los cuatro faros elementales se encendiesen porque, en caso de hacerse, el mundo se iba al carajo; aquí nuestra misión es precisamente esa, prender las cuatro llamas. De este modo, vemos la trama desde una perspectiva opuesta, y podemos entender las motivaciones de Félix y su tropa.

Por lo demás… nada nuevo bajo el sol (chistaco). Esperad encontrar aquí lo que habría en cualquier otra secuela digna. Mayor duración, nuevos enemigos, nuevas magias, y enemigos por lo general más cabroncetes porque se presupone que venimos ya curtidos de nuestra anterior aventura.

El apartado gráfico no ha mejorado prácticamente nada con respecto a su predecesor. Estamos ante un título bastante potente a nivel visual y con un colorido asombroso. Con respecto al aspecto artístico del juego, a nivel personal diría que visitamos zonas más alegres y tropicales -como las islas Apojii o la aldea pirata de Alhafra- que las del primer juego; si obviamos que el planeta entero está a punto de irse a tomar por culo por cierto cataclismo tan prototípico como jocoso.

La banda sonora de La Edad Perdida es jodidamente excepcional, como la de la entrega anterior. Al gran número de composiciones incluidas en Golden Sun -algunas se reproducen normalmente durante el transcurso del juego mientras que a otras podremos acceder mediante el test de sonido- debemos sumar otras tantas que se incluyen en The Lost Age, dando lugar a la que seguramente sea la mejor banda sonora habida y por haber en JRPG alguno. Y además en una consola portátil. Nobuo Uematsu, te han salido unos competidores bastante jodidos de batir.

En el terreno jugable estamos ante una entrega continuista, aunque las novedades en forma de trama extendida, nuevas localizaciones, bestiario actualizado, magias, personajes y demás hacen que nos demos cuenta de que no estamos ante un mero refrito. Siendo honestos, es un copia-pega-añade mucho. Y funciona bastante bien.

Se mantienen las modalidades de juego extra que ya traía consigo la anterior entrega, de modo que seguimos pudiendo jugar contra un amigo en el modo versus, o participar en batallas infinitas en el coliseo del modo homónimo. Uno de los mayores alicientes del juego es la posibilidad de importar a nuestro grupo de personajes del primer Golden Sun, así como todo el equipamiento que estos portasen, Djinns, y demás parafernalia; todo esto vía cable link o vía contraseña alfanumérica aberrantemente larga.

Si mal no recuerdo, completé esta aventura en unas 20 horas, aunque no al 100%. Por ahí anda la mazmorra del cabroncete de Dullahan, y para poder acceder a ella deberemos tener todos los Djinns de ambos juegos. 72 en total. Casi nada. El desenlace de esta curiosa duología me gustó bastante, aunque dejaron por ahí alguna que otra cosilla sin explicar que supongo que luego usarían en la tercera entrega de la serie en DS. Que por cierto, menudo destrozo a nivel argumental hicieron con Golden Sun: Dark Dawn. Al margen de esta apreciación personal, todo muy bien, todo correcto.

Y llega la hora de la verdad. La hora de la notita. Pese a que este videojuego es superior en todos sus aspectos a la anterior entrega, en conjunto lo he disfrutado un poquito menos porque no sorprende tanto como sí lo hiciese Golden Sun en su momento. Aún así, estamos ante un juegazo que nadie que esté en su sano juicio debería perderse. Esto no era un puñetazo sobre la mesa de Nintendo mientras miraba por encima del hombro a Square-Enix, no. Directamente se sacaron la polla por la cremallera del pantalón, y pusieron también sus cojonazos sobre la mesa de ébano, partiéndola por la jodida mitad.

Eso sí, como he dicho más arriba, olvidaos de jugar a la entrega de Nintendo DS si las dos de Game Boy Advance os han gustado como a mí. Os ahorraréis muchos disgustos y quebraderos de cabeza innecesarios. Hacedme caso, aunque sea por una vez nada más.

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