Análisis | Omerta: City of Gangsters Capo di tutti capi

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Me lo he pasado pipa con este Omerta. El hecho de que esté desarrollado por los mismos locos de la saga Tropico es toda una garantía de calidad. Y si a una jugabilidad que se basa en la gestión de propiedades con el fin de hacernos muchimillonarios le sumamos un sistema de combate que no tiene nada que envidiarle a un XCOM, tenemos una combinación ganadora.

Aún así, por lo visto no ha logrado encandilar al gran grueso de los jugadores. Al poco tiempo de salir, Omerta: City of Gangsters estaba a diez pavos en el GAME de turno. Fue entonces cuando lo rapiñé, pues no son tiempos difíciles únicamente para las desarrolladoras de jueguicos, sino para todos. Y visto lo visto, no me arrepiento de haberlo pillado a este precio. Lo cierto es que esperaba algo más, aunque lo que he obtenido no es que sea malo precisamente. Pero no llega ni de lejos a la altura de Tropico 4.

City of Gangsters nos mete en la piel del enésimo italiano que se fue a los Estados Unidos en busca del sueño americano durante la era de la prohibición y la infame Ley Seca, que trajo más desgracias que alegrías. Encarnamos al jefe D’Angelo, y como buen siciliano que es, lo primero que hace en cuanto llega a tierra yanqui es establecer una serie de negocios ilegales con los que eventualmente nadará en la abundancia. Nuestra principal labor será construir nuestro propio imperio del crimen en un modo historia dividido en una serie de misiones.

El título de Haemimont Games no es que destaque a nivel visual precisamente. De hecho, el apartado gráfico es más bien sencillito. No quiero pecar aquí de graphic whore, pero igual podrían haberse estirado un poquito más en este aspecto, sobre todo en las zonas de combate. Su principal inspiración, que es el reboot de XCOM, también tiene un apartado gráfico sencillo. Pero sabe suplir estas carencias con mucho «brilli brilli», un elevadísimo número de escenarios diferentes, y efectos durante los propios combates como primeros planos y zoom a los personajes que ejecutan ciertas acciones.

Ciertas ralentizaciones durante las secciones de gestión de nuestros negocios hacen el juego injugable por momentos. Una vez, de hecho, la consola se me congeló mientras jugaba. Menos mal que este videojuego es uno de esos que tiene un autoguardado enfermizo para prácticamente cualquier acción, porque de lo contrario, estaría cagándome en la putísima virgen desde la primera línea de este texto.

Como colofón, la cámara falla bastante durante los combates. Hace giros bruscos, y muy extraños. También hay alguna que otra ralentización cada vez que movemos a nuestros personajes, pues la zona de visión de nuestros hombres ha de actualizarse al haber niebla de guerra. Menos mal que se resuelven mediante turnos.

Todas estas cositas que he ido mencionando sobre el apartado gráfico me dan que pensar. No que sea un desastre, sino que todo se ha debido a una mala implementación. A un experimento por parte de la chavalada de Haemimont. Y como tal, es tolerable hasta cierto punto. Al fin y al cabo, en peores plazas hemos toreado.

Un aspecto que me ha gustado bastante y que verdaderamente brilla con luz propia es el doblaje. Bueno, la localización en general, qué coño. La labor realizada por los actores que le ponen voz a los distintos personajes que nos encontramos durante esta aventurilla es simplemente sobresaliente. Lástima que la banda sonora, salvando un par de temas, sea más bien descafeinada. Y ojo, que no tiene nada que ver el hecho de que sea música de la época. Pero los temas de este título no han logrado engancharme, por desgracia. Y esto hace que los combates lleguen a ser algo aburridos.

A nivel jugable estamos ante un «Tropico conoce a XCOM», como habréis podido deducir si vuestra capacidad de atención es igual o superior a la de un mandril retrasado. Hay dos partes bien diferenciadas: negocios y gestión de los mismos, y combate. En esta primera parte nos dedicamos a dominar a nivel económico un barrio de Atlantic City, usando todo tipo de artimañas para llegar a tal fin. ¿Que necesitamos licor para suministrárselo a nuestros bares clandestinos? Podemos comprárselo a aquella destilería del final de la calle, asaltarla, o fundar la nuestra propia. Similares opciones tenemos para el resto de recursos, que son cerveza y armas de fuego.

Realizar ciertas acciones nos cuesta varias unidades de estos recursos. Por ejemplo, tirotear desde un vehículo un negocio rival para acojonar al dueño y hacer que abandone el local nos cuesta munición. Si el almacenamiento se convierte en un problema, siempre podemos convencer a los almacenes locales para que nos dejen esconder ahí nuestra mercancía (ya sea pagando alquiler o corriéndolos a hostias directamente), o establecer nuestros propios alijos ocultos en pisos francos destinados para tales fines. Pese a que tenemos un abanico de negocios por establecer moderadamente amplio, me he percatado de que estableciendo los mismos en el mismo orden ha resultado ser una combinación ganadora, independientemente de los handicaps que me echase el juego. Una estrategia aburrida, lenta y previsible, pero ganadora al fin y al cabo. Quiero pensar que se debe a mis dotes de estratega máximo, y no a la sencillez de las partes de gestión de recursos del videojuego.

La «gracia» de estar por ahí trapicheando está en que tenemos un medidor de presión policial que se rellena cada vez que cometemos una acción ilegal demasiado evidente, como extorsionar a un político local o asaltar a tiro limpio un banco. Una vez dicho medidor llega al máximo podemos culpar a otro capo local para quitarnos el muerto de encima, sobornar a la policía (la cantidad a pagar aumentará con sucesivos sobornos), o ir a destruir las pruebas a una comisaría en una misión de combate.

Y es aquí donde está la auténtica diversión de Omerta: en las peleas. Cada vez que la misión lo requiera (suele ser una vez como mínimo), o que un trabajito aparentemente rutinario nos salga como el culo, tocará liarse a tiro limpio. Obviando el hecho de que sea un calco descarado del de un XCOM, me lo he pasado muy de puta madre limpiando almacenes repletos de macarras y gángsteres con mi equipo de valientes.

Hay muy poquitas armas (pistolas, revólveres, ametralladoras, escopetas y rifles), lo normal para la época. Tampoco le vamos a pedir peras al olmo. Un aspecto que me ha llamado la atención bastante y que lo aleja mucho del título de estrategia en el que freímos a aliens es que aquí no hay personajes aleatorios; cada hombre y mujer que reclutamos es un personaje único, con su propia voz, y biografía. Y esto es algo que a título personal me ha agradado bastante, porque indica un mínimo nivel de esmero.

Otro aspecto que también me ha gustado es que podemos volver a hacer un reparto de las habilidades inherentes a nuestros personajes siempre que tengamos el dinero necesario para ello. Así se nos da más flexibilidad a la hora de customizar a nuestros pequeños avatares, y por tanto, de probar distintas estrategias. Cada atributo y arma está dispuesta de forma en teoría óptima, respetando también el trasfondo de cada personaje. Aunque probad por ejemplo a acoplarle un bate de béisbol especial a Mack «el Navaja», que veréis lo que es el auténtico prejuicio.

Durante las escaramuzas en las que participemos, nuestros personajes pueden usar una serie de habilidades locas que tienen más bien poco o ningún contexto dentro del juego (en XCOM esto estaba justificado de forma más o menos decente), como el hecho de que al cabrearnos aumente el daño que hacemos con nuestra arma de fuego, y similares. Digamos que la segregación entre historia y juego no está muy trabajada en este aspecto. O lo mismo es que yo soy un puñetero tiquismiquis, que también puede ser.

Al margen del modo historia que nos durará tres o cuatro tardes, también tenemos por ahí un sandbox en el que podemos establecer nuestro propio imperio criminal con reglas bastante flexibles. Y, además, también hay multijugador cooperativo y competitivo aunque, eso sí, solo vía internet.

El principal problema de Omerta: City of Gangsters no está en la mezcla de géneros, no. Más bien, en la dejadez o inexperiencia de la desarrolladora a la hora de hilvanarlos. Hay muchas luces y muchas sombras en este producto, pero los buenos momentos que he pasado con él son ligeramente superiores en cuanto a cantidad a los malos. Me he divertido bastante, sí, pero por contra, además del tema ralentizaciones de una periodicidad alarmantemente alta también tenemos otros aspectos que no me han gustado nada como un pico de dificultad aberrante en los combates finales del juego.

En cualquier caso, es un videojuego recomendable si os gusta el género o la ambientación. No es malo per se, pero tiene una serie de problemas técnicos que afean mucho el resultado final. Si como yo, lo encontráis a diez euretes, comprad sin miedo, sabiendo a lo que vais. Yo no pagaría más por él, y entiendo a los que lo comprasen a precio de salida y de forma consecuente pillasen un cabreo de tres pares de cojones. No es Tropico. No hay humor, aunque esto no es algo necesariamente negativo. Es algo… diferente. Bienvenidos a Atlantic City.

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