Análisis | Dragon Ball Z: Legendary Super Warriors Jugando al mus con Freezer

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El título que tenemos entre manos fue uno de los últimos juegos en aparecer para el catálogo de la ya extinta Game Boy Color: Dragon Ball Z: Legendary Super Warriors (traducido como Guerreros de Leyenda en la lengua del ilustrísimo Miguel de Cervantes y Saavedra).

Realmente se trata de un port capado de Dragon Ball: Legend of the Super Saiyajin, que apareció en Super Nintendo en 1992, pero quitándole a la ecuación el elemento exploración y los combates aleatorios, siendo la fórmula resultante un juego muy lineal y que se limita en el plano jugable a los combates contra los jefes finales del original.

Por partes. En cuanto al aspecto gráfico, los sprites de los personajes en el mapa del mundo me parecieron extremadamente pixelados, tochos y minimalistas, recordándome una barbaridad a los primeros Final Fantasy. Las animaciones de batalla son decentillas, y los personajes son perfectamente reconocibles. No faltan a la cita ataques clásicos de la serie de TV como andanadas de energía, kame-hame-has y demás combos de mil millones de hostias a la velocidad del rayo.

Los tilesets de los mapamundis son algo escasos en cuanto a número y el diseño de los escenarios (que por cierto son muy reducidos también tanto en número como en tamaño) es algo laberíntico y a veces caótico. A destacar las escenas (estáticas, eso sí)  y los retratos de los personajes que no tienen nada que envidiarle a la serie de animación en lo que a calidad se refiere. Las imágenes de las cartas son reconocibles también. ¡Qué menos que eso!

En estas fases en mapas con cierto componente de exploración podemos escuchar melodías típicas de juegos de rol: desde canciones para poner en tensión al jugador ante un hecho inquietante o un peligro inminente, hasta composiciones más tranquilas durante sesiones de entrenamiento más relajadas. El mayor punto negro es que la canción durante los combates siempre es la misma, y teniendo en cuenta que el juego se compone de treinta combates y que además la duración de los mismos suele ser más bien larga para un juego de consola portátil, decir que acabaremos hasta los cojones de la cancioncita dichosa es quedarse cortos. El tema que escuchamos cambiará únicamente ante los jefes finales de cada saga principal de Dragon Ball Z (Freezer, Célula y Buu).

Y ojo, que es en el plano jugable donde este juego sorprende, ya que no se trata ni de un juego de lucha, ni de un RPG al uso. El sistema de juego se basa en los populares juegos de cartas intercambiables, tales como Yu-Gi-Oh! o Magic: The Gathering. Al principio empezamos con cartas paupérrimas y penosas y una baraja muy limitada en cuanto a posibilidades, pero a medida que vamos avanzando en el modo historia, obtenemos cartas más poderosas con las cuales podemos desatar ataques potentes que pudimos ver en la serie de animación: la Genki Dama de Goku, o incluso la transformación en mono gigante —Ohzaru— de Gohan.

Los combates se resuelven mediante un sistema de turnos clásico. Para obtener puntos de acción, hemos de ganarlos a base de vapulear al enemigo con lo que se conoce como ataques de comando, en los cuales hemos de pulsar una secuencia de botones en un tiempo limitado. Lo que viene siendo un Quick Time Event de toda la vida, vaya. Esta acción tiene como fin principal darnos puntos para usarlos en otras acciones más poderosas, ya que resta una cantidad ínfima de puntos de salud al enemigo. Como en la serie, vamos. Se curtían el lomo durante episodios enteros, pero al fin y al cabo lo que marcaba la diferencia durante los combates eran los ataques de energía bien gordotes. Durante el turno de ataque de nuestro personaje, el enemigo puede realizar una acción para defenderse, y viceversa.

Con los puntos de acción disponibles podemos realizar diversas técnicas tanto ofensivas como defensivas, en función de nuestra baraja de cartas. Los ataques se dividen en dos tipos principales: ataques físicos y ataques de rayo, siendo los personajes más vulnerables a los ataques de rayo en el aire, y siendo más vulnerables a los ataques físicos en el suelo. Podemos cambiar nuestra posición durante nuestra fase defensiva.En un par de ocasiones, los combates serán por parejas, en lugar del típico uno contra uno, en los que cambiar de personaje se añade como un movimiento ofensivo y defensivo. Vamos, que gasta un turno de acción.

Hay también un modo supervivencia, que es precisamente lo que el nombre sugiere. También posee un versus mediante cable link, en el que podemos batirnos en duelo con un amigo, o simplemente intercambiar cartas con él.

Huelga decir que este Legendary Super Warriors es bastante entretenido, y su sistema de juego aunque a priori parece complejo, se nos hará más sencillo con la práctica. El modo historia puede durarnos bastante, ya que los combates no son cortos precisamente (diez o quince minutos no nos los quita nadie) y se compone de 30 batallas, con dos batallas especiales en el futuro alternativo de Trunks de una de las OVAs. Se nos cuenta la historia casi al completo de Dragon Ball Z en este título; obviando un poquito de la saga de los Saiyans y eliminando episodios de relleno sin chicha alguna, pero a grandes rasgos esto es DBZ en Game Boy Color.

Eso sí, el principal punto negro del juego es la pésima localización. Pese a lo que podéis ver por las imágenes, el juego está en castellano. O al menos, lo intenta. Y digo «lo intenta» porque hay un exceso de abreviaturas, especialmente en las cartas. ¿Qué cojones significan «Vi. Cha. Bat.» (supongo que «Viejo Chaleco de Combate»), «S.G.K.A.» (este ni se han molestado en traducirlo, el original es «Super Ghost Kamikaze Attack») y similares? También hay ciertos nombres de personajes cambiados o mal traducidos, como «Frieza» en lugar de «Freezer». Otra de las grandes pegas es que los alicientes para la rejugabilidad del modo monojugador son más bien inexistentes, más allá de completar la baraja y desbloquear a algún personaje que tenga un requisito especial para ser controlable. Si somos capaces de olvidar estos detalles, nos toparemos con uno de los mejores títulos de Color y una más que digna despedida para la consola. Es un título muy, pero que muy recomendable tanto para fans del género como de la serie de animación.

 

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