Análisis | Mario Kart 8 Velocidad terminal

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La saga Mario Kart siempre ha sido sinónimo de calidad. Y de diversión. Y de llegar a las manos en más de una ocasión porque nuestros colegas se han cebado con nosotros de mala manera cuando estábamos haciendo una carrera de putísima madre. La octava entrega numerada de esta serie de jueguines que comenzó en los tiempos de SNES no se queda atrás en este aspecto.

Desde la era de Wii, y viendo cómo Sony y Microsoft se subieron al carro de la alta definición con PlayStation 3 y Xbox 360, siempre he dicho que a los juegos de Nintendo les faltaba el HD para terminar de ser bonitos del todo. Y eso hace que títulos como este Mario Kart 8 sean acojonantes a nivel visual. Al margen de tener un apartado artístico más que loable, este videojuego se mueve a los tan infames sesenta frames por segundo, y todo ello a una resolución de 1080p. Que los usuarios de Xbox One y PS4 mucho reírse de Wii U y muchas pollas en vinagre, pero eso es algo que aún no han logrado con sus máquinas tan superiores.

Los trazados que visitaremos son lo suficiente heterogéneos entre sí como para no tener esa molesta sensación de monotonía al correr por ellos. El nivel de detalle de los mismos es bastante alto. Desde público en forma de Yoshis o Toads en algunos de ellos hasta ciertos elementos móviles que toman parte activa en las carreras como vehículos o tranvías. Es una auténtica pasada eso de ir emulando a Ben-Hur con Wario, con las llantas al rojo vivo por la fricción atroz contra el vehículo de Mario, y que mientras tanto el resto de corredores se vayan puteando también entre sí a la par que el público lo flipa muy fuerte. Y sin ningún tipo de ralentizaciones o bajón en la tasa de frames que sea palpable a simple vista.

Eso sí, a título personal los trazados de esta entrega de la saga de carreras locas de Nintendo no me han entusiasmado demasiado. Ni los nuevos, ni la selección de circuitos retro de anteriores jueguines de la serie. Echo de menos algún circuito realmente jodido, como por ejemplo Senda Arcoiris de Game Boy Advance.

El apartado sonoro cumple, sin más. Junto a las melodías originales para los trazados nuevos, tenemos música remezclada en los circuitos retro que está bastante bien. Y que conste que digo esto teniendo bastante trillada esta saga. Eso sí, el único punto negativo que veo en este aspecto es el hecho de que considero que los circuitos son algo sosos, y dicha sosez se contagia a la pista de audio que suene en ese momento. Uno asocia un elemento con otro, y al final pasa lo que pasa. El resto de efectos sonoros como los zurriagazos y demás grititos que dan los personajes están muy, pero que muy bien.

A estas alturas de la película, supongo que no tengo que explicaros cómo se juega a un Mario Kart. Son carreras de vehículos de relativamente poca cilindrada en recorridos realmente locos, y todo ello aderezado por el uso de objetos no menos locuelos. Y es que hay un refrán que dice que «en el amor, en la guerra, y en Mario Kart, todo vale». Y más aún teniendo en cuenta lo pérfida y cruel que es la IA en esta entrega, siendo más prejuiciosa que de costumbre y con una tendencia extrema a putearnos sin ton ni son así como a usar atajos siempre que puedan.

Junto a objetos clásicos como los caparazones rojos, verdes y azules o las cáscaras de plátano se suman otros como la flor, la flor bumerán, o el súper-claxon, que harán que las carreras sean más frenéticas aún si cabe. Tengamos también en cuenta que hay doce corredores en lugar de los ocho habituales, tendencia que se impuso en Mario Kart Wii y que hasta la fecha se sigue respetando. Otro elemento que vuelve tras su ausencia desde hacía bastantes años son las monedas que hay dispersas por los circuitos (y que también las hay en forma de item); al recoger diez de ellas aumentaremos significativamente la velocidad punta de nuestro vehículo. Dicho dinero se pierde al recibir zurriagazos, siendo esta una forma de intentar equilibrar aún más las carreras. Con dicha pasta, además, desbloqueamos piezas de vehículos. También desbloqueamos nuevos personajes al ganar copas.

La mayor cagada de Mario Kart 8 es, sin duda, su penoso modo batalla. Al margen de que solo hay una modalidad (las batallitas de globos) hemos de sumarle que no hay arenas específicamente creadas para este modo multijugador, sino que han reciclado circuitos normales tal cual. Olé ahí tus cojones, Nintendo.

Eso sí, al menos el juego en línea va realmente finísimo, y habiendo gente de todas partes del globo en una misma partida. Servidor recuerda un pique especialmente gordote en el que tomaron parte un par de suizos, varios yanquis, un gabacho, un británico, y gente del lejano oriente. Y todo ello, como digo, sin nada de lag. Y es que el hecho de que un juego online funcione como debiera aún es excepción, y no norma, por desgracia.

Rizando un poco más el rizo, la novedad más importante de MK8 es probablemente Mario Kart TV. Un canal de repeticiones con unas opciones de edición de las mismas bastante decente (y con posibilidad, además, de subida de vídeos a YouTube) que a mí me recuerda bastante a lo que se hizo en Super Street Fighter IV. Que, al ser en HD, todo mola aún más, si cabe.

Y no podría acabar de escribir estas líneas sobre este jueguín sin mencionar la promoción vende-juegos de Nintendo. Y es que si hemos adquirido este videojuego entre finales de Mayo y finales del presente mes de Julio, tenemos derecho a descargarnos un título de Wii U de la eShop de forma completamente gratuita de entre diez distintos. Yo pillé New Super Mario Bros. U, y bien, oigan.

Los treinta y dos circuitos que hay se multiplican por dos teniendo siempre en cuenta el modo espejo, en el que corremos en los mismos invertidos horizontalmente. Que al respecto diré que al estar ya en la era de la alta definición, Nintendo se habría puesto las pilas y enseñaría los letreros de los circuitos invertidos correctamente. Mis cojones y treinta y tres. Los circuitos están volteados tal cual. Ley del mínimo esfuerzo ahí a tope.

Mario Kart 8 es un muy buen juego al que le falta poquito para llegar a la excelencia. Desde mi punto de vista, la selección de trazados ha sido poco acertada, y también echo de menos a algún que otro personaje cuya ausencia es inexplicable, en detrimento de personajillos de la talla de Lakitu o Mario de Metal. Los extras añadidos como el realmente bueno modo en línea (nada que ver con el desastre de MK Wii) y el canal de repeticiones no son novedades excesivamente originales, sino más bien algo que hacía falta en los tiempos que corren. Con todo y con eso, es un auténtico vendeconsolas. Sin ir más lejos, a mí me vendieron Wii U solo por este juego. Y es que Mario Kart siempre es sinónimo de calidad, y de diversión. Y de darse de hostias con los amigos.

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