Análisis | Metroid Fusion Parásitos siderales

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Metroid Fusion. Última entrega de la saga Metroid a nivel cronológico. Nintendo es muy de querer hacernos la picha un lío sacando títulos de sus sagas sin ningún tipo de orden. En los Mario es algo que nos da absolutamente igual, en The Legend of Zelda mosquea un poco, y en Metroid, directamente, encabrona.

Este juegazo de Game Boy Advance me lo regalaron, si la memoria no me falla, por un cumpleaños, hace eones prácticamente. Aunque para mi gusto es ligeramente inferior al sobresaliente Super Metroid (Super Metroid es mucho Super Metroid), es un título digno de llevar en el título el nombre de ese alegre bichejo alienígena que te chupa la energía vital con más capacidad de succión que una prostituta con una aspiradora.

De este juego también me viene a la mente una anécdota bien curiosa. Resulta que por aquel entonces yo era un chavalín desinformado, que se compraba las revistas especializadas en videojuegos. Una de estas era la infame Nintendo Acción, en cuyo análisis de Fusion afirmaban que dicho título te duraba más de veinte horas, y poniendo como una de sus virtudes precisamente esto, la duración. La gracia está en que de todos es sabido que los títulos de esta saga nunca se han caracterizado por ser excesivamente largos, y menos aún en portátil. De hecho, para desbloquear los finales ocultos (que se reducen al nivel de chicha que enseña Samus durante una escenita estática) tenemos que completar este videojuego en menos de ciento veinte minutos. Ay, ¡cuán ingenuos éramos!

En esta entrega de la saga, Samus Aran, la famosa cazarrecompensas espacial, explora la superficie del planeta SR388, hogar de los Metroid, junto con un pequeño grupo de científicos de los Biometrox Space Laboratories (BSL). Durante la exploración se encuentra con un Parásito X, un organismo parasitario desconocido hasta la fecha que puede replicar la apariencia física y adquirir recuerdos y habilidades de su anfitrión, matándolo al poco tiempo.

Samus, sin darse cuenta, es infectada, y vuelve a la estación espacial BSL. Durante el viaje de vuelta, repentinamente pierde la consciencia y es eyectada de su nave antes de estrellarse contra un cinturón de asteroides. La Federación Galáctica consiguió rescatar su cuerpo y un equipo médico descubre que el Parásito X ha infectado el sistema nervioso central de la cazarrecompensas.

Cuando todas las pruebas daban prácticamente por muerta a Samus, a alguien se le ocurrió crear una vacuna a base de células de Metroid. La vacuna no solo consigue salvarla, sino que además le otorga algunas características propias de estos organismos, como una vulnerabilidad extrema a las bajas temperaturas, o la habilidad de absorber el núcleo de los Parásitos X para obtener nutrientes. Su Power Suit infectado fue enviado a la estación BSL para ser examinado, aunque algunas partes del traje estaban tan integradas con el cuerpo de Samus que fue imposible extraerlas, dando lugar a la creación de un nuevo traje para ella: el Fusion Suit.

Mientras aún estaba en la sala médica, de pronto llegaron informes de la Federación de una explosión enorme en la estación espacial, por lo que se envía a Samus a ver qué puñetas ha pasado. Pronto descubre que ha habido una brecha en la seguridad por parte de bichejos infectados por el infame parásito sideral. La pesadilla no ha hecho más que comenzar…

A nivel gráfico, Metroid Fusion es de lo mejorcito que ha parido Game Boy Advance. Es uno de los pocos títulos de esta consola que para mí alcanzan el rango de orgasmo visual. El mimo, ese nivel de detalle tan enfermizo puesto en todos y cada uno de los entornos que visitamos -la ambientación es BRUTAL- es digno de elogio. El juego es colorido a rabiar, como podéis comprobar por las imágenes que acompañan a este texto. El salto a nivel técnico que hay entre Game Boy/Color y Advance es gigante.

Los entes que pululan por la estación, amén de la propia Samus, no se quedan atrás. Se mueven de una forma muy fluida y como pocas o ninguna vez había visto yo antes en una portátil. Al menos, como ya digo, no con esta calidad.

La banda sonora del juego no se queda atrás con respecto a lo que nos tiene acostumbrados la saga. El predominio de melodías de corte ominoso y espeluznante hará que se nos ponga la piel de gallina en según qué secciones, ayudando bastante a la inmersión en esta aventura con ligeras pinceladas de terror. El chip de sonido de GBA era tan potente que incluso se permitieron el lujo de incluir varias voces digitalizadas en el juego, con una calidad asombrosa teniendo en cuenta la época en la que apareció este Fusion.

A nivel jugable, esta entrega de la saga no varía demasiado su fórmula. Eso sí, he de reconocer que este título es mucho más lineal que sus predecesores, principalmente por estar más centrado en contrar una historia medianamente coherente, con conversaciones de por medio, que ser un simple «Hala, te soltamos en este planeta/zona/cosa y debes MATAR».

Esta linealidad limita parcialmente el componente de exploración del juego. Por poner un ejemplo: las puertas de colores, uno de los elementos más emblemáticos de la saga, ahora se abren llegando a ciertas estaciones de desbloqueo, pues ahora los colores indican un nivel de seguridad, y no que se abrirán usando un arma concreta.

Por lo demás, todo sigue siendo exactamente igual. Ir explorando la gigante estación espacial en busca de power-ups que nos permiten acceder a nuevas zonas en las que obtenemos nuevos power-ups. Reinicia, y repite. Superando secciones de plataformeo algo liviano, y derrotando organismos infectados por el parásito durante el proceso.

La gran novedad del juego está en que en algunas secciones deberemos huir de nuestro mortífero doppelgänger, el SA-X. Es/son las piezas infectadas del Power Suit de Samus, que adquirieron conciencia propia, y se dedican a perseguirnos e intentar darnos caza por toda la estación. Es Samus con su capacidad de combate al completo. No podemos derrotarla. Solo huir. Aunque estos momentos no son aleatorios -de ser así el juego sería una auténtica obra maestra- son unas situaciones de máxima tensión en las que tenemos que huir rápidamente para que no nos liquide, y la ejecución de estas secciones sería absolutamente brillante de no ser por lo infame de la IA de este enemigo, no por lo inteligente, sino por todo lo contrario: por lo bobalicona que es. Basta con ocultarse en modo morfosfera en cualquier recoveco para dárselas con queso a este ser supuestamente tan inteligente.

En otro orden de asuntos, dado que Samus Aran ahora tiene la habilidad de los Metroid de absorber a los parásitos X, la mayoría de habilidades que recuperamos es de esta manera, derrotando jefes finales y absorbiendo el abyecto bichejo que tienen dentro. Los enfrentamientos contra los susodichos jefes son apoteósicos y jodidamente épicos, tanto por la situación que se nos plantea como por su acojonante diseño y animaciones.

El principal punto negro del juego está en su duración, extremadamente corta para un título de estas características, incluso para la primera partida. En alrededor de 2-3 horas habremos completado sin demasiadas complicaciones esta genial aventura. Los alicientes para su rejugabilidad son más bien poquitos -por no decir nulos-, y hay varios extras a los que podemos acceder si conectamos el juego con Metroid Prime -desbloquearemos el Traje Fusión en Prime y podremos jugar al Metroid original emulado- o con Metroid: Zero Mission, en cuyo caso desbloquearemos varias galerías de imágenes. O lo que es lo mismo: extras que no son extras, sino más bien recompensas de lealtad por tener los otros juegos, además de este.

El argumento no está del todo mal, y el desenlace del mismo es jodidamente heroico, muy acorde con la personalidad de Samus. Porque esa es otra, este es el primer juego en el que vemos que habla, que realmente tiene monólogos interiores y diversos dilemas morales. Vamos, que se humaniza al personaje. Y eso está de puta madre. Pero si la jugabilidad tiene que sufrir un poquito debido a esto, casi que prefiero que le cosan la boca a la rubia de metro noventa y que se limite a matar cosas con su brazo-cañón. En cualquier caso, Metroid Fusion es un puñetero juegarral. Una auténtica maravilla a la que todo el que se considere fan tanto del género como de la saga debería jugar al menos una vez en su cochina vida.

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