Análisis | Yaris Velocidad absurda

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Yaris es un título exclusivo de Xbox 360. La chavalada de Microsoft, siempre tan visionaria con el tema de las exclusividades. Primero fue Bomberman Act: Zero, y luego esta joyita que tenemos entre manos. Este videojuego, como podemos deducir de su nombre, es un «advergame» —juego promocional gratuito— creado por la muchachada de Toyota, en el cual manejaremos distintos modelos de Yaris.

No hace falta llevar muchos años en esto de los jueguines para darse cuenta de que estamos ante una auténtica castaña. Porque, como bien he indicado en la ficha del videojuego, este tipo de cositas no se programan ni se desarrollan; directamente se perpetran. Empezando porque nuestro Yaris tiene acoplado al capó una especie de tentáculo —y creedme, he visto el suficiente hentai para saber cómo va a acabar esto— por el cual puede disparar armas esperpénticas, y terminando porque no es un juego de conducción al uso, sino que más bien parece un shooter on-rails. De hecho, no sé qué es más surrealista, si el temita del arma fálica o las velocidades de vértigo que alcanza este vehículo en el juego.

Pero vayamos por partes, como diría Jack el Destripador. El modelado de los escasos vehículos (tres en total) es simplón y, qué coño, feo. El diseño de escenarios, niveles, texturas, efectos lumínicos… parecen no de la generación pasada, sino de la anterior. Mención especial al fuego, de una bidimensionalidad tan descarada que resulta hasta hilarante. A nivel gráfico estamos ante un videojuego que da absoluta risapena. Incluso los menús son feos de narices.

En cuanto al apartado sonoro, la cosa no mejora demasiado. Las melodías son prácticamente música machacona durante los niveles. De todos modos, la melodía del menú principal tampoco es que sea gran cosa. Los efectos sonoros son más dignos de un juego de PSX que de uno del bazar Xbox Live.

A juegos aberrantemente malos, jugabilidad acorde. Los niveles son half-pipes al más puro estilo fase de bonus de Sonic The Hedgehog 2 aunque con enemigos como moteros obesos, tostadoras demoníacas con ruedas salidas del mismísimo averno, e iPods voladores. Aunque nosotros realmente no conducimos al coche, ya que las curvas se las toma automáticas y el jugador se limita a mover el vehículo de un lado a otro de la tubería, esquivando obstáculos mientras dispara a los enemigos con el arma que lleva acoplada al capó. Conducción sobre raílesPutos genios, oiga.

Podemos comprar más vehículos y mejorar el que ya tenemos, pero la diferencia entre unos coches/mejoras y otras es nula, por lo que son unos añadidos completamente que están ahí de relleno, para hacer bulto. También hay una especie de cooperativo para dos jugadores el cual multiplica por dos la casposidad del juego. Así podemos compartir penitencia con un amigo, y disfrutar de este peculiar castigo mental.

No merece ni la pena bajárselo, y eso que es gratis. Es un juego que ni los cazalogros querrán dado lo increíblemente cansinos y difíciles que son. Especialmente el de conseguir un jodido millón de monedas, teniendo en cuenta que en una carrera se consiguen unas mil de media… tu trisomía tiene que ser fuerte —con todo el respeto posible para los que tengan Síndrome de Down— para tener este juego a 200 G. Y creedme, sé de lo que hablo.

Estamos ante uno de los mayores esperpentos de la historia de los videojuegos, comparable al E.T. The ExtraTerrestrial de Atari 2600. Evitad este título a toda costa. O jugad a él si os veis capaces. Si sobrevivís a tal atrocidad, como un servidor, no le tendréis miedo a nada. Lo usan las guerrillas chechenas para torturar a sus prisioneros de guerra.

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