Análisis | Bomberman Act: Zero Explosión de diarrea mental

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Lo que tenemos hoy aquí es un auténtico GOTY, todo un diamante en bruto. Bomberman Act: Zero es el infame juego de Hudson exclusivo de Xbox 360 (definitivamente los de Microsoft son unos visionarios) que supuso la prostitución del diseño del pequeño Bomber blanco que todos conocemos.

Los que hayan oido hablar de este juego ya sabrán que es una aberración y es considerado uno de los peores juegos de la historia, y con razón. La prensa especializada lo vapuleó y fue todo un batacazo a nivel de ventas. No hace falta ser un lince para darse cuenta de los motivos.

Aunque parezca increíble, una mugrosidad de este calibre posee un argumento y todo. Aunque no es que sea gran cosa. Encarnamos a un Bomberman —o Bomberwoman, por aquello de la igualdad de sexos, recuerden—. Estamos en un complejo subterráneo en el cual se fabrican Bombermen en serie, como si fuese una jodida cadena de montaje de SEAT. Se nos obliga a luchar contra nuestros congéneres para probar nuestra superioridad sobre el resto. Solo puede quedar uno. Como en Los Inmortales, vaya. Y con la misma casposidad o más que en su secuela.

A nivel gráfico, este título es nefasto. Una de las cosas que más llama la atención es el rediseño de los personajes. No está del todo mal, pero esta especie de cyborgs no tienen tanto carisma como los personajes clásicos de alegre aspecto. Es como si hubiesen intentado hacer «molón» a Bomberman, a la fuerza. Porque ya sabéis, los hombretones no juegan con personajes de aspecto infantil. Han querido hacer que «mole» haciéndolo un supersoldado cuando el personaje no necesitaba absolutamente nada porque ya lo petaba a su manera.

Lo que de verdad mata a este juego a nivel visual es el hecho de que el escenario de batalla sea siempre el mismo. Las únicas modificaciones que hay son la configuración aleatoria de los bloques que se pueden romper y algunos cambios de color en la iluminación. Como curiosidad, podemos jugar en un modo llamado «Batalla en Primera Persona» que tiene de primera lo que yo de drag queen, ya que la cámara está en todo momento alrededor del personaje. Vamos, que es tercera persona. Y si a veces cuesta pensarse las jugadas en el modo de juego estándar, a eso sumémosle el tener que lidiar con un control de cámara tosquísimo.

El apartado sonoro del juego es simplemente para olvidar. Al igual que el resto del juego. Aparte del tema del menú, únicamente hay una pista de audio que suena en bucle para las batallas aunque afortunadamente es casi inaudible. Este título está incomprensiblemente doblado en un español neutro. Lo que viene siendo el acento sudamericano, vaya. La anunciante femenina nos avisa de cuándo hemos cogido un power-up y de qué potenciador se trata.

Probablemente la jugabilidad sea el apartado menos penoso de este producto infernal, y tampoco es que sea para tirar cohetes. Es la clásica de la saga. Nos hallamos en un escenario cerrado y debemos eliminar a nuestros enemigos a bombazo limpio, cual miembro de ETA.

Además del modo clásico, se ha incluido con este juego como novedad curiosa el modo BPP que he mencionado con anterioridad. En este modo de juego, en lugar de morir de un solo impacto, tenemos una barra de vida que podemos rellenar a base de objetos esparcidos por los niveles, y se vacía cada vez que nos impacta la deflagración provocada por una bomba.

Tenemos los power-ups clásicos de la franquicia, que sirven para aumentar nuestra velocidad o número de bombas que podemos colocar simultáneamente, además de un par de añadidos bastante interesantes. Ahora bien, ¿dónde empieza a fallar el juego en este aspecto? En que es terriblemente monótono y descafeinado. Los dos modos monojugador consisten en superar la friolera de 99 fases del tirón y sin ningún tipo de guardado entre ellas. Si mueres, adiós.

Los enemigos a los que nos enfrentamos son siempre otros Bombermen de colorines que se van haciendo más fuertes a medida que avanzamos en los sucesivos niveles. No hay enemigos diferenciados entre sí como en los juegos originales. Estos de Hudson se coronaron con Act: Zero.

Para terminar de rematar la faena, no hay ningún tipo de modo multijugador a nivel local. Vamos, que solo puede jugar una persona por consola. Únicamente podremos jugar con otras personas a través de Xbox Live, y además el multijugador está capadísimo en lo que a opciones se refiere, con respecto a otras entregas de la saga.

Recapitulemos. Tenemos un juego que es aburrido a más no poder, y el máximo exponente de la monotonía y el tedio. Las opciones de personalización de nuestro Bomberman son ridículas. Podemos escoger entre chico o chica, y el color de entre unos diez. Y ya. No sea que se hernien, o algo. El diseño de los personajes a priori no es un hándicap, aunque este resideño que se sacaron de la manga da bastante risa. Y pena. Queriendo hacer adulto a un personaje del que una de las señas de identidad es precisamente su aspecto «mono», para que haga contraste con la cruda violencia de la que es partícipe, dándole un matiz de humor negro al asunto no tan sutil.

Y por si no fuese poco, es un juego que no querrán ni los cazalogros debido a su lista de logros abrumadoramente insana. Para tener este juego a 1.000 G, como mínimo deberemos tener 430 horas de juego. Casi nada. Act: Zero se ha ganado a pulso el ser considerado antónimo del vocablo «diversión».

Si ves este juego en tu tienda de videojuegos habitual, denuncia al dueño. Demándalo por intento de violación, por atentar contra la salud pública, o algo similar. Huye de este juego lo más lejos posible, y más te vale darte un golpe en la cabeza para olvidar que esta aberración existe.

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