Análisis | Sonic the Hedgehog (8-bit) Velocidad primordial

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Desde que Sega dejó de fabricar hardware y se convitió en third party de las compañías que a día de hoy están vivas en esto de los jueguicos —Nintendo, Sony, y Microsoft— prácticamente no hay plataforma de juego que no haya recibido alguna conversión del juego más emblemático de su mascota: el primer Sonic the Hedgehog. Pero antes de que la compañía nipona se fuese a la mierda, cuando estaba en pleno auge, también lanzó una versión para sus consolas de 8 bits: Master System y Game Gear. Aunque ambas versiones son prácticamente idénticas, aquí hablaré única y exclusivamente de la de la consola de sobremesa ya que es la única que he catado.

Y es que Sega, intentando tener contentos a los que aún tenían Master System y no querían o podían dar el salto a Mega Drive, decidió lanzar esta versión capada en ciertos aspectos, aunque por otra parte añadía cierto contenido original que no poseía la versión de 16 bits. Lo que parecía un tímido intento de tener un Sonic de 8 bits resultó ser una jodida diosada de juego, y ponía de manifiesto la potencia gráfica que poseía Master System. Este Sonic the Hedgehog de ocho bits tiene un colorido con el que muchos juegos de NES ni siquiera pueden atreverse a soñar. Fue todo un ejercicio de mirar por encima del hombro a Nintendo; un puñetazo en la mesa tan gordo que acabó reventando el propio mueble, y tres losas del suelo.

El casi inexistente argumento de este juego es exactamente el mismo que en el de la versión de dieciséis bits. El megalómano Dr. Eggman/Robotnik planea construir su propio imperio llamado Robotnik/Eggmanland en South Island y para tal fin no se le ocurre otra cosa que secuestrar animalillos y encerrarlos dentro de sus robots, llamados badniks. Creo que no es necesario aclarar que la muchachada de PETA está bastante furibunda —y con razón— con el chalado Doctor.

Este Sonic se convirtió por méritos propios en el juego más colorido y bello a nivel visual de Master System. Y ostentó este título hasta que salió su secuela. Los muchachos de Ancient, encargados de este pseudoport de MS, dejaron claro que con empeño y dedicación podían hacerse auténticas virguerías con el hardware de esta consola.

El colorido y el amor que desprendían los sprites de los personajillos, sin descuidar ni el más mísero píxel de su diseño, junto con la fluidez endiablada a la que se movía todo el conjunto en pantalla podía hacer que te corrieses del gusto con un mero vistazo. Y por si no fuera poco, a los desarrolladores les dio por experimentar con este juego, sustituyendo algunas fases de la versión de 16 bits por otras completamente originales, e incluso añadiendo un nivel con scroll automático. Toda una pullita dirigida hacia Nintendo y sus Mario.

El maestro del chiptune ,Yuzo Koshiro, a quien debéis conocer sí o sí a estas alturas, fue el compositor de la banda sonora de este juego. Como es lógico, los temas no suenan igual de bien que en la versión de Mega Drive. Algunas canciones han sido adaptadas a los ocho bits, y las de los niveles nuevos son composiciones totalmente originales.

Pese a que la banda sonora del juego por lo general me parece muy buena —bastante superior a lo que estamos acostumbrados a escuchar en esta videoconsola— hay algunos temas que me han resultado sosillos y que, a mi juicio, no encajan demasiado bien con lo que yo llamo la «temática Sonic», por ser demasiado bucólicos y alegres. ¿Un ejemplo? El tema de Bridge Zone. Otros sí son más acordes, como el de Scrap Brain Zone, o el de Sky Base Zone.

Sobre los SFX, la mayoría de jingles, fanfares y demás cosicas son completamente originales y no tienen nada que ver con los de la versión de Mega Drive. Muy buen uso del hardware de audio de MS, pocos peros en el apartado sonoro.

La jugabilidad es prácticamente idéntica a la de la otra version. Tenemos que ir avanzando por escenarios multinivel hasta llegar al final de los mismos. Eso sí, un aspecto en el que considerablemente estaba mucho más capada esta versión es precisamente en el tamaño de los niveles, con muchas menos rutas alternativas. Aunque haberlas, haylas.

Dado que la mecánica de los títulos de esta saga es más simple que el mecanismo de un sonajero, me limitaré a enumerar las diferencias que hay entre versiones. Lo único que debéis saber es que el control es simple y en ningún momento falla, y que a nivel jugable estamos ante un Sonic merecedor de llevar el nombre.

Hay varios elementos que distingue este Sonic de otras versiones. En primer lugar, las Chaos Emeralds. En lugar de estar en sus fases de bonus, en esta versión se encuentran desperdigadas por los niveles. Concretamente, en la fase 2 de cada zona, si la memoria no me falla. Estas Esmeraldas del Caos sirven para obtener el final bueno del juego. Eso, y chorrosocotocientos mil puntos extra a la hora de hacer el recuento final de puntos.

En segundo lugar, las fases de bonus. Las hay, aunque no son iguales que en la versión de MD. En lugar de tener esa especie de laberinto onírico-lisérgico, tenemos una fase de bonus más, digamos, convencional. Es un nivel en el que las físicas del juego permanecen intactas con respecto a cualquier otro nivel, pero con la particularidad de que está plagadito de anillos, algún que otro monitor con continuaciones o vidas extra, y superficies que nos hacen rebotar entorpeciendo un poquito nuestro avance.

Con cien anillos conseguimos una vida extra, aunque quizá por algún tipo de error al programar el contador de rings —o por limitaciones de la memoria— cada vez que llegamos a cien anillos el contador se resetea, y la máquina «cree» que tenemos cero, comenzando así desde la cantidad inicial. Esto quizá tenga bastante que ver con el hecho de que el contador de anillos en este juego sólo marca dos cifras. En fin… cosas más raras se han visto.

Como curiosidad, en esta versión no hay ni un solo looping, un elemento irrisorio a priori pero que a lo tonto se convirtió en una seña de identidad bastante importante, y siempre relacionada con el erizo azul.

En apenas una horilla de juego podíamos completar esta aventurilla. La curva de dificultad del juego estaba —por lo general— bien ajustada, aunque en la recta final del mismo había algunos piquillos bastante curiosos, sobre todo en algunos enfrentamientos contra Robotnik. No sabría decir si se me hizo más complicado pasarme este o el de Mega Drive, de modo que empate técnico.

Esta ochobitesca aventura del erizo azul de Sega es la hostia de divertida, y perfectamente podría llevar el nombre de Sonic Zero o cualquier otro nombre que implique algún tipo de precuela, secuela, protosecuela o suputamadre. Es un juego que se diferencia bastante de la versión de su hermana mayor, y que si somos auténticos fans del erizo deberíamos pasarnos sí o sí.

Sonic the Hedgehog es el mejor plataformas de Master System, solo superado por su secuela. Gran juego, perfecto en casi todos sus apartados, aunque la música falla un poquito. Y con «fallar» me refiero a que no llega a los estándares de calidad que la saga impuso en posteriores entregas.

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