Análisis | Super Monaco GP Carreras a muerte en San Marino

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Los juegos de conducción serios nunca me han gustado demasiado. Siempre he sido más de juegos de carreras locos a lo F-Zero o Mario Kart, lo que no quita que haya hecho mis pinitos en este género. El jueguico sobre el que os voy a hablar hoy me lo regaló un amigo al cual no he vuelto a ver el pelo desde hace varios lustros. Me vino con «como he visto que tienes esa consola viejuna y le das uso y yo tengo los juegos aquí cogiendo polvo, TOMA». Lo que vienen siendo MANLY TEARS seguido de un NEVER FORGET muy gordo —con saludo militar incluido— para el muchacho en cuestión.

Este Super Monaco GP es la versión de Master System. ¿Cuál es la principal desventaja que tiene esta versión con respecto a otras como las de Mega Drive, Amiga, Amstrad CPC o Atari ST? Pues que NO HAY TETAS. Pardiez, si las hay incluso en la versión de Spectrum… interesante maniobra de Sega, esa de «lo sentimos, pero las tetas que buscas están en otra versión de este mismo juego».

La mecánica jugable es la que uno espera en un título basado en ese pseudodeporte llamado Fórmula 1. Tenemos que ganar carreras para autoproclamarnos reyes de Escocia, y del resto del globo. Lo que hace especialito al juego es el peculiar sistema de físicas que posee. A saber: si le comes el culo —en sentido figurado— al coche que tienes delante, tu coche SE PARA EN SECO. Si un coche manejado por la CPU o por el troll del otro jugador viene lanzado y literalmente, te atraviesa, tu coche SE PARA EN SECO. Si te tomas una curva como el puto ojete por ir demasiado lanzado, tu coche empieza a girar sobre su propio eje y SE PARA EN SECO. Por supuesto, si te tragas algún cartelito que ha por el césped contiguo al asfalto, tu coche también SE PARA EN SECO.

Pero antes de esta orgía autodestructiva que es cada carrera, exactamente unos minutos antes de que nos entren ganas de estrellar el mando contra la pared, sacar el cartucho de nuestra flamante Master System II y reventarlo contra el suelo, tenemos la posibilidad de tunear diversas opciones para intentar no quedar como el puto ojete en la siguiente carrera.

Podemos trastear y escoger si queremos transmisión manual o automática. Si escogemos manual, podemos seleccionar entre tres, cinco, y siete marchas. Como es lógico, a mayor número de marchas tendremos un mayor control sobre la velocidad de nuestro vehículo pero como contrapartida tiene el posible cacao mental que eso nos forme, mientras que la transmisión automática hace todo ella solita. También podemos escoger el tipo de neumático (desde más duro que los mofletes de un político hasta más blando que las tetas de una vieja), el tipo de motor (mucha aceleración pero poca velocidad máxima, dos que están en el punto medio, y el opuesto); y por último, el tipo de spoiler que queremos que lleve nuestro buga.

Otro de los alicientes de Super Monaco GP es la posibilidad de jugar con un amigo en carrerillas sueltas, que se seleccionan de forma aleatoria de entre los 16 circuitos que componen el juego. Y sí, España sale, y es uno de los más jodidos por tener un número de curvas abismal.

Como curiosidad, aún jugando nosotros solitos en el modo Grand Prix, la pantalla seguirá estando partida. En la pantalla inferior jugará un coche controlado por la IA, a modo de rival, y al que yo entrañablemente llamo «el hijoputa del coche azul». ¿Por qué tanta violencia? Porque es realmente el único obstáculo que hay entre nosotros y el primer puesto, si obviamos, claro está, nuestra propia ineptitud al volante.

El resto de vehículos están ahí de postín. Claro que se toman las curvas de una forma medianamente lógica, metiéndose por el interior del piano y esas cositas, pero en ningún momento se adelantan entre sí o interactúan de algún modo entre otros corredores excepto tú y el hijoputa del coche azul. Vamos, que están ahí de gregarios.

Otro elemento que también me encabrona bastante del hijoputa del coche azul es el hecho de que el muy cabroncete siempre se adapta cual camaleón al nuevo circuito del Grand Prix, alternando entre marchas manuales y automáticas. Pero lo más risible de todo es ir viendo cómo cambia a la velocidad del rayo entre una marcha y otra mientras se toma con una facilidad extrema curvas que para ti son imposibles.

Pero, pese a todo, el juego es disfrutable. Vaya si lo es. Te pica sobremanera. Te incita a superarte a ti mismo, y lo que es más importante, te incita a cruzarle la cara al piloto anónimo del coche azul. Sí, a ese entrañable hijoputa. A ese tal «COMPUTER».

A nivel visual es bastante colorido. La distancia de dibujado es limitadilla, aunque el mapa visible en todo momento —sumado a las vallas típicas de «OJOCUIDAO»— nos mantienen alerta en todo momento. En este aspecto me recuerda al Hang-On.

El diseño de los coches es correcto, aunque de colorido más bien poco. El coche del J1 es rojo, el del J2 azul, y el de los anteriormente mencionados gregarios es amarillo. Y ya. No hay más variedad. O sólo hay tres escuderías, o los grafistas del juego eran realmente gandules, y no quiero pensar mal de estas buenas gentes.

En el tema música, los únicos temas que escucharemos están en el menú principal, y durante submenús como el de puesta a punto de nuestro bólido, o el recuento de puntos en la clasificación general. Durante las carreras solo oiremos el motor de nuestro coche, que suena como si a un gato cibernético le estuvieses pisando el rabo constantemente.

Los dieciséis circuitillos distintos que hay son lo suficientemente diferentes entre sí como para no tener sensación de monotonía. Y con diferentes me refiero a que, aparte de tener un trazado distinto —lógico— los elementos que hay por el fondo también cambian. En Mónaco, por ejemplo, veremos edificios de fondo —y curiosamente el circuito parece estar en mitad de un campo de fútbol de Oliver y Benji con tanto césped pese a que el circuito real es URBANO— mientras que en Brasil vemos gradas y esas cositas típicas.

En definitiva, Super Monaco GP me parece un gran juego, con defectos que en su momento eran virtudes y que le daban personalidad a un port malillo de uno de los mejores juegos de conducción de su época.

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