Análisis | Xenon 2: Megablast Zambombazos siderales

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Admito que no tuve los suficientes reflejos, ganas y paciencia para completar este Xenon 2: Megablast en su momento. Me lo pasé hace relativamente poco. Eso sí, como hay que hacerlo. En mi consola, con mi cartuchito, y en mi televisor de tubo. Nada de emuladores, de savestates y de guardar y cargar como un psicópata. Me lo pasé como un HOMBRE.

SHMUPs —también conocidos por el populacho como «jueguicos de naves»— ha habido a patadas. Son jueguines arcade cuya total accesibilidad hará que perduren durante mucho tiempo. Es a lo que uno juega cuando no tiene ganas de pensar, simplemente quiere desestresarse —o no— y aniquilar a todo lo que aparezca en pantalla. Uno de los principales exponentes del género, al menos para mí, salió hace un par de años, Sine Mora. Como veis, los juegos de navecicas no están muertos, ni mucho menos. Un género en el que el principal aliciente es acabar pegando tiros el triple de gordos que tu propia nave, y reventar enemigos infinitamente más grandes que tú. La epicidad implícita que hay en esos enfrentamientos nos pone burracos a todos. David contra Goliat, en formato videojuego.

Xenon 2 se somete a todas las convenciones típicas de los shoot ‘em ups. Vamos, que tenemos que reventar a todo el que ose cruzarse por nuestro camino a lo largo de los diez niveles —realmente son cinco, pero cada uno dividido en dos mitades— de los que se compone el juego. Desconozco si posee algún tipo de argumento, aunque imagino que no irá más allá del arquetipo en el género. «Ve a aquel planeta/galaxia/cosa y extermina a todo bicho viviente PORQUE SÍ». Tampoco le pido más.

Una de las cositas que diferencian a Xenon 2 del resto de shooters locos de navecicas es que puedes retroceder en los niveles, pese a que el scroll es el típico avance automático hacia arriba. Basta con pulsar abajo en la cruceta como si no hubiera un mañana, todo en plan «mis cojones, yo no avanzo». Al principio puede parecer una chorradita más, pero a medida que avancemos en los niveles veremos que forma parte de la propia jugabilidad, ya que hay ciertas secciones laberínticas e incluso callejones sin salida en los que nos veremos obligados a recular. Y sí, hay penalización en forma de reducción de nuestra barrita de vida por cada vez que nos frostiemos contra un enemigo o contra las paredes.

Entre nivel y nivel hay una tiendecita en la que podemos comprar todo tipo de potenciadores muy locos que podéis ver en las imágenes. El juego es un poco generoso en algunos niveles y nos suelta en forma de capsulita de item algunos a modo de limosna; pero si de verdad queremos POTENCIA DE FUEGO SERIA —las mayúsculas son necesarias— tendremos que hacer buen uso de los créditos que obtenemos al reventar enemigos. Como curiosidad, el tendero es un alienígena de aspecto sospechosamente parecido al depredador del film homónimo protagonizado por el Chuache.

Gráficamente hablando, el juego es de lo mejorcito que hay en Master System teniendo bastante en cuenta el género al que pertenece. De hecho, una de las señas de identidad de Xenon en la época fue el aspecto realista de las superficies y entornos que visitábamos, ese aspecto rocoso y orgánico que al avanzar se sustituía por otro mucho más hi-tech con todo repletito repletito de metal era la leche.

La banda sonora del juego se limita a una sola canción que suena tanto en el menú principal como durante el juego en sí. Es animadilla, pero al final acaba no cansando, sino inflándote los cojones. Sobre todo cuando has llegado a algún punto graciosete del juego, como a un jefe final jodido que no tiene otra cosa mejor que hacer que llenar sistemática y literalmente la pantalla con sus proyectiles cargados con prejuicio extremo.

Xenon 2 realmente no es tan difícil, pero su curva de dificultad es todo lo que queráis excepto regular. De hecho, mirándolo en perspectiva, creo que fue esto por lo que no pude pasármelo en su momento mientras que me pulí sin demasiados problemas Scramble Spirits, del mismo género, también en Master System.

Pese a todo, sitúo un poquitín más arriba a Xenon 2: Megablast por una sencilla razón: la estética, el aspecto tanto de armas, como de nave y enemigos. Mientras que en Scramble Spirits pilotábamos un avioncito muy colorido y derribabas aeronaves similares en bucólicos escenarios para llegar a casa a la hora del té, Xenon 2 es mucho más sucio. Y qué coño, las armas. Acoplarte tres o cuatro láseres que ya de por sí son más grandes que tu propia nave, sumado a algunos lanzacohetes, la posibilidad de disparar tanto por los lados e incluso por el culete hace que realmente te sientas como un piloto futurista de una guerra que no decidió luchar, pero ahí está, hasta los cojones de todo, y sin importarle una mierda si el próximo bicharraco que asome va a ser cuarenta veces más grande que él porque sabe que si sangra, puede matarse.

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