Análisis | Pix the Cat La que has liao, pollito

Share Button

Pix the Cat es el jodido Pac-Man de esta generación. Y ya. Podría dejar de escribir aquí y ahora porque estoy tan convencido de que lo que digo es cierto, que no veo por qué debería seguir justificando mis palabras, seguir juntando letras que os convenzan a vosotros también de que estamos ante un juego que está pocos peldaños por debajo del FOLLAR en la escala de los placeres que podemos permitirnos.

Estamos ante uno de esos jocosos casos de juegos que regalan con una suscripción a un servicio en concreto —PlayStation Plus en este caso— que pasan desapercibidos junto a otros de más renombre como Injustice: Gods Among Us o Infamous: First Light pero que a la hora de la verdad no tienen mucho que envidiar a estos videojuegos AAA. Y esto es bueno, porque con esta clase de títulos es con los que llegamos a una epifanía videojueguil —claro está, si es que no hemos llegado ya a ella en algún momento anterior—, y es que, por muy bueno que sea el apartado técnico de un videojuego, en el fondo lo que importa es la jugabilidad. No hay más. Y la de Pix The Cat es tan simple y adictiva que uno se pregunta por qué coño no se ha hecho antes nada similar.

Pongámonos en situación: el juego recuerda mucho al anteriormente citado Comecocos y al Snake de Nokia en el sentido de que manejamos a un personaje embutido en un laberinto y que puede coger objetos para hacerse más alargado. La diferencia está en que aquí ni se puede perder —el objetivo del modo principal del juego es obtener la mayor puntuación posible—, ni es nuestro avatar en el juego el que se alarga, sino que somos un gatete rescatando pollitos virtuales en entornos cibernéticos. A medida que el tiempo avanza, la velocidad de juego también, haciendo que nuestra puntuación dependa de nuestro coco por partida doble: tenemos que tener buenos reflejos para tomar decisiones deprisa, y además tenemos que intentar completar cada nivel de la forma más eficiente para que la cantidad de puntos obtenida sea la máxima posible. Toma de decisiones loca a corto y a largo plazo, simultáneamente.

La gracia de este tipo de juegos está en los piques inhumanos con colegas en los marcadores e incluso con nosotros mismos, para ver si somos capaces de superar nuestras propias puntuaciones y mejorar cada vez más. Hay marcadores globales que no se libran de los hackers típicos que quieren su minutito de gloria, pero de esto no tiene culpa alguna el juego de Pasta Games, ya que es un mal endémico de la comunidad de los jueguicos en general.

Además del frenético modo de juego principal también tenemos uno multijugador en plan arena en el que darles de hostias hasta debajo del paladar hasta a tres colegas más —modo solo disponible en la versión de PlayStation 4—, y un par de modos más pausados y en plan puzzle que harán que nos tiremos de los pelos cuando no seamos capaces de resolver un nivel. Y, por supuesto, también harán que nos demos cabezazos contra las paredes repitiendo cual mantra «pero cómo puedo ser tan mongolo» al haberlos completado.

Pix the Cat es un juego que ha hecho poco o ningún ruido, y esto lo ha convertido en una más que grata sorpresa. Y es algo bueno, porque es un videojuego en el sentido más literal de la palabra. No hay un gran argumento que lo respalde. De hecho, no lo hay. Lo que tenemos es una jugabilidad a prueba de bombas y que, como un buen polvo, te hace pedir más y más hasta que quedas exhausto. Bueno, jugabilidad, y un apartado gráfico respaldado por una gran banda sonora. El anunciante de recompensas estándar es de lo mejorcito que he oído yo en años, y por mi parte puede tutear al de Unreal Tournament y al de Mortal Kombat.

Share Button
664 Lecturas totales 1 Lecturas hoy
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Comentarios

comentarios