Análisis | Streets of Rage 2 Mamporros metropolitanos

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Más que una secuela, Streets of Rage 2 es más bien un remake del primero. Un reimagining del que ya era un muy buen beat ‘em up por sí solo, y con una banda sonora acojonante. Esta vez Sega, ya con los deberes hechos, mejoró y refinó su fórmula hasta límites insospechados.

Viendo el éxito que tuvo el anterior título, esta chavalada decidió apostar muy fuerte por esta nueva saga que tantos beneficios y alegrías les estaba dando. En menos de un año ya estaba lista la secuela, y pese a que a grandes rasgos la jugabilidad se mantiene inalterada, hay bastantes mejoras palpables, siendo la mayor parte de ellas a nivel gráfico. De todos modos es lo que siempre digo en estos casos: depurar sí, pero no cambiar de forma drástica algo que en el pasado te ha funcionado. Lógica básica, amigos.

Ha pasado un año desde los eventos de Streets of Rage. Para celebrar la derrota del misterioso Mr. X y su Sindicato, Adam HunterAxel StoneBlaze Fielding quedan en su club favorito de la ciudad y pasan la noche recordando su cruzada particular contra el crimen entre birra y birra.

A la mañana siguiente —y con una resaca de tres pares de cojones, asumimos— Axel recibe una llamada de Eddie Hunter alias «Skate», el hermano menor de Adam. Skate llegó a casa tras salir del cole y la encontró destrozada, y sin ningún rastro de su hermano mayor. Había una nota pegada a la puerta con una foto de Adam encadenado a un muro y a los pies de Mr. X. Los criminales retomaron las calles. El mensaje era claro: su némesis había vuelto, y esta vez iba a por todas.

Sin pensárselo dos veces, Skate y Axel se unen a Blaze, y a ellos también se les une el luchador de lucha libre y amigo del alma de Axel llamado Max Thunder, toda una mala bestia con más espalda que un armario ropero abierto. Es hora de rescatar a Adam y acabar con el Sindicato de una vez por todas.

Lo que más llama la atención a primera vista de este juego con respecto a su predecesor es sin duda el renovado apartado gráfico —sublime en su totalidad—, con unos personajes muchísimo más detallados, grandes y reconocibles. Los escenarios que visitamos tampoco se quedan atrás en cuando a nivel visual. Además de ser más variaditos —visitamos un parque de atracciones e incluso un coliseo subterráneo en el que se organizan peleas clandestinas— añaden varios planos de profundidad, dotando de mayor vistosidad al conjunto.

Pero el elemento que hace que este juego definitivamente ha adoptado las convenciones típicas del género es el hecho de que ahora hay una interfaz que nos muestra, entre otras cosas, el nombre del andoba al que estamos moliendo a palos, y su salud restante. Y todo ello sin la necesidad de perder una franja importante de la pantalla.

Si la banda sonora de Streets of Rage ya era buena, la de esta segunda parte es aún mejor. De nuevo, está compuesta por Yuzo Koshiro, un genio en esto de la música para los jueguicos. Para el recuerdo quedarán temazos que te meten cosa mala en el submundo nocturno como Go Straight o Dreamer.

Aunque a nivel jugable estamos ante prácticamente un calco del videojuego anterior, se ha hecho un ligero lavado de cara en cuanto a las estadísticas y demás atributos de los personajes. Axel es la piedra angular, el personaje arquetípico a partir del cual se desarrollan los demás, además de ser el que más técnica tiene, dotándolo de una versatilidad que lo hace perfecto para todo tipo de situaciones. Blaze es ligeramente más débil que el rubiales, aunque lo compensa con una mayor velocidad. Skate es el más debilucho del grupo, aunque es el más rápido dado que usa patines, haciéndolo perfecto para vérselas con múltiples enemigos al mismo tiempo. Para terminar, Max es la mole, el glaciar, el muro inamovible, perfecto para enfrentarse cara a cara contra jefes finales, pero puede verse en un serio aprieto si es rodeado por muchos enemigos dada su lentitud. Llueve a gusto de todos, como veis.

Se sigue manteniendo el jocoso modo cooperativo que dio lugar a innumerables piques fraticidas. Junto a él, también se ha añadido un curioso modo Versus en el que podemos demostrarle finalmente a otro jugador quién es el auténtico rey de las hostias callejeras.

El ataque devastador que se realizaba al llamar al coche de policía del anterior juego se ha eliminado. En esta ocasión, cada personaje posee un ataque especial que resta bastante salud a los enemigos aunque es un arma de doble filo: también nos resta salud a nosotros, para que no abusemos del mismo. Es perfecto para según qué ocasiones, ya que nos permite golpear a ciertos enemigos aunque se cubran, e incluso para cortar combos de los enemigos. Vamos, lo que viene siendo un Desperation Attack en toda regla. Además este ataque, todos los personajes tienen un segundo llamado ataque Blitz que es básicamente una carga frontal que realizamos pulsando un par de veces una dirección en el pad junto con el botón de ataque.

Lo que es verdaderamente digno de elogio de este título es la gran y sustancial mejora existente con respecto al anterior. El lavado de cara le sentó de fábula, haciendo que estemos no solo ante uno de los mejores juegos de su género, sino ante uno de los mejores de todos los tiempos. Si no lo has jugado, ya tardas en hacerlo, muchacho.

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