Análisis | After Burner Climax Acrobacias aéreas

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Nunca he sido muy de simuladores de vuelo, ni de simuladores, en general. No obstante, este After Burner Climax ha sabido tenerme entretenido durante unas cuantas horillas de juego. Tiene algo, un je ne sais quoi que lo hace entrañable y atractivo pese a que en esencia es un juego realmente simple. Recordemos que no es más que la versión de consolas de sobremesa de una máquina recreativa que vio la luz en 2006.

Pese a que a nivel argumental es una secuela directa de la anterior entrega, le pasa un poquito lo que a Metal Gear Solid; que podemos considerarlo más bien una adaptación moderna, bonita y remasterizada de los juegos viejunos, algo acorde a nivel técnico a los tiempos que corren.

La susodicha trama es poco más que una excusa para darnos gente a la que liquidar de forma atroz con nuestro avión de combate. El ejército llamado Z —originales, los muchachos— planea lanzar un ataque nuclear —unos visionarios, como digo— en las próximas cuarenta y ocho horas, y solo nosotros y nuestro fiel caza podemos evitarlo.

Pese a que la sensación de velocidad está muy bien conseguida y los escenarios son variados y bellos visualmente, el paso de los años se ha notado, y mucho. Y es que estamos ante una conversión perfecta a nivel gráfico de la máquina recreativa. No pondría ni un solo pero… si no fuese precisamente por lo que estoy comentando: a nivel visual está algo desfasado. No es feo, pero copón, podrían haber hecho algo más allá de los filtros y el reescalado en HD de rigor. Cuatro añitos han pasado desde que salió el original hasta que llegó esta versión a PlayStation Store y el bazar de Xbox Live, no digo más.

Los efectos lumínicos y el desenfoque de movimiento que hay al alcanzar velocidades endiabladas siguen luciendo tan bien como en el primer día, eso sí. Los aviones controlables, todos ellos reales (con modelos como el F/A-18E Super Hornet o el F-15E Strike Eagle) pueden ser personalizados también con varios patrones y esquemas de color, aunque no esperéis una enorme variedad en este sentido: cuatro esquemas distintos de color por vehículo.

El juego está dividido en varias zonas o niveles, y las transiciones entre los mismos están llevadas a cabo de una forma simple e inteligente: atravesando grandes cúmulos de nubes. Como digo, es una solución sencilla, práctica, y a lo tonto es hasta bonita.

El apartado sonoro es un poco flojito, y lo único que lo salva de la quema son un par de temazos como el de Volcanic Islands. El resto de la banda sonora es machacona en exceso, y aunque se intenta tirar de nostalgia por aquello de que la mayoría de las composiciones son remixes de temas de los originales… lamentablemente no se consigue. Eso sí, al menos se nos da la opción de escuchar la banda sonora de After Burner II en lugar de la de Climax, así que así al menos llueve a gusto de todos.

Los principales culpables de que la banda sonora pase tan desapercibida son los constantes sonidos de disparos, tanto de la ametralladora de nuestro avión como de los misiles. Hay momentos en los que, con los ajustes estándar del juego, directamente es inaudible. Tampoco hay ningún tipo de localización, tanto voces como textos están en inglés. No es un juego en el que necesites seguir una trama o en el que haya diálogos complicados, pero la dejadez de Sega en este aspecto ha sido acojonante. Han hecho un port tal cual, añadiendo lo justo.

Jugablemente hablando, nos encontramos ante un título que viene de recreativas, lo que se traduce en un control arcade muy sencillo y directo, asequible para todo tipo de públicos. Antes de cada misión podemos escoger nuestro avión de entre tres diferentes, aunque las diferencias son meramente estéticas ya que los tres se controlan de forma idéntica y no tienen atributos que hagan los hagan distintos entre sí.

Avanzamos a toda velocidad por los distintos niveles de los que se compone Climax eliminando a todo cuanto se nos cruce por delante, ya sean aviones, helicópteros, blindados, navíos, y todo tipo de maquinaria de guerra enemiga.

En algunos escenarios hay, además, múltiples obstáculos en forma de paredes o techos —no todos están situados a pleno aire libre—, por lo que nos veremos obligados a reducir la velocidad de nuestro caza si no queremos estrellarnos. Las armas de nuestro avión son una ametralladora con munición ilimitada aunque con alcance limitado, y misiles limitados parcialmente, ya que se regeneran mientras no los estemos disparando. El objetivo del juego es obtener la mayor puntuación posible, y esta depende de tres factores: encadenar muchos enemigos derribados, liquidar un número alto de estos, y completar los niveles lo más rápido posible.

La destrucción en cadena de la gente que nos cruzamos hace que nuestra puntuación suba de forma considerable. A ello hemos de sumarle el hecho de que nuestra puntuación aumenta de forma proporcional a nuestra velocidad. O dicho de otro modo, a mayor velocidad, más puntos.

Durante las misiones hay varias «órdenes de emergencia», que son objetivos secundarios como liquidar a un cazabombardero antes de que se escape, o cruzar una gran sección repleta de torres de vigilancia sin ser vistos. En ciertas zonas, además, podemos elegir entre tomar un camino u otro, lo que hace que juguemos distintos niveles. Y este es realmente el único motivo real por el que querremos rejugar After Burner Climax, aparte del temita de los logros.

Podemos realizar bucles para esquivar los proyectiles enemigos, o disparar con nuestra ametralladora a los misiles que nos lanzan para derribarlos. Nuestro avión posee una barra de salud que disminuye al ser impactados, aunque como el más mínimo roce suele restarnos la friolera de entre un sesenta y un setenta por ciento, su inclusión es meramente anecdótica. Además, tampoco hay forma de regenerarla, lo cual refuerza la sensación de que está ahí de adorno, de atrezzo, simplemente para sobrecargar el HUD.

La novedad más llamativa de Climax, es precisamente la que da nombre al juego, el llamado modo Clímax. Cuando la barra homónima se llene, entraremos en un tiempo bala en el cual poseemos misiles ilimitados y un tiempo generoso para poder fijar el blanco en nuestros rivales, perfecto para barrer la pantalla de enemigos prácticamente sin despeinarnos.

Dada la idiosincrasia de este título, deberíamos estar de antemano más que advertidos de que es terriblemente corto, incluso para los estándares de un videojuego de máquinas recreativas. En diez o quince minutos habremos completado el modo Arcade. No obstante es tremendamente rejugable y adictivo.

La lista de logros/trofeos es insultantemente sencilla, por lo que los cazalogros tenéis aquí varios puntos asegurados, y además entretenidos de sacar. Además del modo Arcade, tenemos el modo Score Attack, que básicamente es el Arcade pero con vidas ilimitadas. Curiosamente es más sencillo cuanto más lo jugamos, dado que por simplemente jugar vamos desbloqueando jugosos extras en forma de opciones adicionales que pueden hacer que la experiencia de juego varíe bastante, en función de los gustos de cada jugador. Tenemos opciones a mansalva que pueden ser beneficiosas o todo lo contrario. Por poner varios ejemplos: comenzar con menos vidas, no poder usar el modo Clímax, o que los enemigos sean más agresivos. Estas opciones adicionales pueden sernos útiles de cara a desbloquear tanto los distintos finales como los logros y trofeos.

After Burner Climax es un arcade de jugabilidad sencilla y directa, sin mayores pretensiones. No hace nada mal, realmente, pero es que tampoco hace nada especialmente bien o memorable. Es la medianía, en formato videojuego. Si lo veis a un precio ridículo, como un servidor —cinco pavos, si la memoria no me falla— dadle un tiento.

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