Rafa del Río, Anita Sarkeesian, y el falso feminismo

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Escribo esto como respuesta al artículo “Mujeres, hombres y videojuegos” escrito por Rafa del Río. Es la primera vez que escribo sobre feminismo, porque hay algo frecuente e incómodo que ocurre cuando un hombre habla de feminismo, y que sucede precisamente en el artículo que voy a comentar: los hombres tenemos una tendencia natural a decir qué es el feminismo y qué no lo es. A decidir nosotros qué mujeres tienen argumentos válidos y cuáles no. Esto me resulta un problema, porque lo que estamos haciendo es decidir qué mujeres son válidas para opinar sobre lo que ellas viven, y cuáles no. Y normalmente lo hacemos atendiendo a nuestras experiencias como hombres. Pretender decir que una mujer “miente” o “exagera” en sus afirmaciones cuando no tenemos forma real de comprobarlo por nosotros mismos, me parece arriesgado. Es la primera vez que escribo sobre feminismo y espero no cometer ese mismo error: no planeo hablar sobre qué es o qué no es el feminismo desde mi punto de vista.

El hombre de paja es una falacia de manual, consistente en crear un discurso, atribuirlo falsamente a un oponente y después desmontar dicho discurso para dar la impresión de que se han desarticulado los argumentos del otro. Es una cuestión maliciosa, porque a diferencia de otras falacias, se puede usar inconscientemente: desmontar lo que nosotros creemos que son los argumentos del adversario, pero que en realidad solo sean una simplificación o ridiculización de los mismos que nosotros no hemos advertido como tal. El caso del artículo de Rafa del Río es un buen ejemplo de un hombre (o mujer) de paja. Para evitar este tipo de situaciones lo mejor es acudir a las fuentes originales y contrastar los argumentos reales de la otra parte (proceso más laborioso que dar por sentado que sabemos de qué estamos hablando y argumentar contra nuestra percepción subjetiva del otro). Voy a exponer cómo es la mujer feminista del artículo “Mujeres, hombres y videojuegos” y vamos a contrastarla con los argumentos de la única feminista que aparece comentada en el artículo y que es, obviamente, Anita Sarkeesian.

La mujer del artículo hace “una manipulación más que interesada a la que cualquier comentario o actuación supone machismo por el mero hecho de poseer, su culpable, escroto” con el objetivo de “convertir esta situación injusta en un pozo sin fondo del que sacar dinero mientras se siembra el odio para que esta situación nunca se solucione”. Tiene “esa puñetera manía [...] del ‘hace falta más personajes femeninos en los videojuegos’.” Valora “tan poco la potencia natural de la psique femenina como para pensar que es incapaz de jugar a no ser que le pongan una muñequita de protagonista” y pretende “volver a encerrar a la mujer en un gueto que ya no es la cocina o el harem y ahora es el de ‘este juego sí es para ti’ / ‘este juego no lo es porque no tiene prota femenina’” (todas las negritas del artículo original). Voy a ir uno por uno con estos elementos con los polémicos videos del canal Feminist Frequency (comandado por Sarkeesian) en la mano. Prioritariamente contrastaré esto con la serie Tropes vs Women in Videogames que puso a Anita en el punto de mira.

Empezamos con el argumento de que estas mujeres quieren “encerrar a la mujer en un gheto” en el que solo juegue a aquellos videojuegos con protagonistas femeninas. En el video Ms. Male Character Sarkeesian hace un análisis de aquellos personajes femeninos creados directamente a partir de un personaje masculino. La mayoría de los casos son personajes con papeles protagónicos (Ms. Pacman), complementarios (Nana de Ice Climber) o que llegaron a obtener su propio videojuego (Dixie Kong). Sin embargo, Sarkeesian critica las tres opciones. ¿Sus argumentos? Son personajes creados a partir de, y como contrapartida de, un personaje masculino. Ninguno de los tres ejemplos son personajes que se definan a partir de sí mismos, si no como versiones femeninas de otros (Pacman, Popo y Diddy Kong) y así lo evidencian, primeramente, en su diseño. Mientras que los personajes masculinos no necesitan un distintivo que los identifique como varones (ni siquiera concebimos qué puede ser eso en lenguaje visual), los personajes femeninos sí los llevan, no como particularidades propias si no como forma de diferenciación.

Así, los personajes femeninos carecen de entidad propia en los casos que cita el video (no son pocos), están siempre descritos a partir del hombre. El hombre es la norma, el elemento neutral, y a partir de él puede haber diversas variaciones, siendo una de ellas “la chica”. ¿Qué tiene que ver esto con que sea o no protagonista de un videojuego? Absolutamente nada. La crítica también es extensible a Wendy, de los Koopalings, y otros. No se critica, por tanto, el género que tenga el protagonista, si no que los personajes femeninos tengan tan poca entidad independiente. Y es cierto que el papel principal es el más adecuado para desarrollar esto, y es natural que las personas con esta sensibilidad saluden iniciativas de personajes femeninos realmente construidos independientemente como protagonistas, ¡eso no quiere decir que desechen todos los demás juegos!

Cualquier persona que (como yo) tenga interés en los análisis sobre representación en la ficción, se asombraría al ver la cantidad de apartes que hace Anita Sarkeesian en sus videos para puntualizar esto, y para destacar que se pueden criticar elementos de un juego sin condenar a la hoguera al mismo. En el antes citado Ms. Male Character lo hace en 3 ocasiones distintas (más de una vez cada 10 minutos). En ningún otro tipo de estudio sobre ningún otro tipo de representación (por edad, por raza, por nacionalidad,…) se tiene ese cuidado en dejar claro algo evidente y obvio. Aún así, eso no ha evitado que muchísima gente acuse a Anita Sarkeesian de hacer eso mismo. Y es que ese “argumento” es solo otra falacia destinada a distraer la atención del eje central de sus críticas; da igual cuántas veces lo diga porque no se trata de eso.

Tampoco es cierto que Sarkeesian reclame “más mujeres en los videojuegos”, sino, como hemos visto, una mejor (no mayor) representación del género en los mismos. Por eso, ni es cierto que Anita Sarkeesian desprecie “la potencia natural de la psique femenina” como dice Rafa del Río en su artículo, ni pretende decirle a ninguna mujer que hay “juegos para ella” y juegos que no atendiendo al género de su protagonista. Es más, ¡defiende precisamente lo contrario al criticar juegos como Ms. Pacman! Y tampoco tiene “esa puñetera manía [...] del ‘hace falta más personajes femeninos en los videojuegos’” que tampoco sé qué tendría de malo. Sus videos Damsel in Distress (1, 2 y 3) no mencionan esa necesidad en ningún momento, pues el estudio de Anita es cualitativo (cómo son las mujeres) y no cuantitativo (cuántas mujeres).

El artículo dice “Nadie ha pensado nunca que Tomb Raider sea injugable ni asuste a los hombres porque la protagonista sea una mujer“. Tampoco nadie ha pensado nunca que otra saga protagonizada por un personaje masculino sea injugable o asuste a las mujeres. Al menos, ni Sarkeesian ni nadie de sus canales relacionados, simpatizantes públicas ni activistas feministas en general. Estamos ante otro argumento surgido de ninguna parte y puesto en boca de quien no ha dicho nada ni parecido. De nuevo: no se trata del género del personaje de esa forma simplista, esa visión no es siquiera una pobre parodia de lo que se defiende realmente.

La anécdota de los recreativos forma parte del artículo de Rafa del Río y comienza con lo que supongo que es una “nota de color”, y no un intento de reforzar el ethos del autor: “Crecí en un salón arcade —en varios, mejor dicho— y mi segundo beso con una chica fue a la edad de 13 años contra la pared de una cabina del juego 1942 en los recreativos Pacheco”. Lo que sí es un argumento (y aquí las negritas vuelven a ser de Rafa y no mías): “mientras hacíamos todo eso, nos acostumbrábamos a algo que parece que según la Sarkeesian la gente no entiende: a que, a pesar de las diferencias más que obvias, los hombres y las mujeres somos iguales.” Según del Río, es Sarkeesian la que defiende que la gente no entiende que hombres y mujeres sean iguales, pero eso es falso, una manipulación interesada.

Entonces, si la mayor parte de las personas del mundillo (porque “gilipollas y pagafantas hay en todas partes”) entienden esa igualdad, entonces no hay un problema de machismo en los videojuegos. Esto es lo que defiende el artículo, aun con la salvedad de esos “gilipollas y pagafantas”: que el machismo no es para tanto. Y construye un discurso entero en esta línea: son las “pseudo-feministas” las que están llenas de odio (lo dice en 3 ocasiones expresamente en el artículo), la sociedad no está llena de odio machista. Es más, dice Rafa del Río, aunque existe un poco de machismo, a renglón seguido puntualiza “eso no significa que lo invada todo ni que sea superior al machismo absurdo y agresivo que se da a pie de calle”. Nuevamente, he buscado activamente los videos de Anita Sarkeesian, empezando por el que hizo para promocionar el crowdfunding previo a Tropes vs Women in VideoGames, y no he encontrado que diga que el machismo en los videojuegos es peor que en otras cosas. En cambio, reconoce que el nivel de machismo contenido en los videojuegos forma parte de un entramado general, el de la “pop culture” (también analiza otros medios, no solo videojuegos) que a su vez está influida por la sociedad en su conjunto, ese “a pie de calle”.

Aunque no era su intención lo que está haciendo el artículo es decir que el machismo en los videojuegos es una cosa mínima, reducida a unos pocos elementos marginados del colectivo. Puede que sea exagerado decir que Rafa defiende que “no existe el machismo”, como dije yo en Twitter, pero desde luego lo minimiza y le resta importancia. El grueso de sus desvelos es, como vemos, esas feministas que en realidad no existen, esa Sarkeesian que tampoco dice lo que dice en sus videos la auténtica Anita Sarkeesian. Lo que él dice es que las feministas de verdad tienen que estar contentas de cómo están las cosas en el mundillo, y que las que quieran criticar, que critiquen otras cosas que aquí está todo más o menos bien. No es negar el machismo, pero desde luego, se acerca bastante. Es rechazar el feminismo en los videojuegos porque dice cosas que no te gustan, sin analizar qué se está criticando realmente, y despreciándolo sin conocimiento de causa. “Dejad de marear la perdiz”, nos dice Rafa del Río al terminar su artículo.

Todos metemos la pata y decimos cosas desafortunadas. Por suerte, la mayoría nunca seremos concejales de Madrid y lo peor que nos puede pasar es que nos las señalen. Rafa del Río tiene varias expresiones cuestionables, y creo importante señalarlas. Nuevamente, no buscando atacar al autor de las mismas, pero sí tratar de evitarlas en artículos futuros y clarificar un par de conceptos. El primero es la acusación, en dos ocasiones, de que Sarkeesian e “imitadoras” se dedican a esto por la pasta. No solo es que no le vea nada de malo (supongo que Rafa del Río también escribe por dinero), es que viendo las consecuencias que ha tenido para algunas de estas mujeres (acoso, amenazas realmente duras, un escrutinio personal asfixiante) me parece frívolo considerar que esas personas están alimentando felizmente el machismo que las amenaza de muerte, las estigmatiza y las violenta.

Dentro de las recreativas, Rafa nos cuenta una anécdota más en la que él le mira el culo a una chica mientras juega, y después ella hace que él juegue para mirarle a su vez el culo. Supongo que la idea es recalcar esa situación de “igualdad” reinante en las recreativas, pero no creo que sea acertada. Una chica más tímida, o que se sintiera más incómoda, habría tenido que soportar las miradas y luego irse con la cabeza gacha, asustada de que alguno de los oteadores de culos le dijera o intentase hacerle algo. ¿Que aquella chica en concreto no se cortaba un pelo? Estupendo. Pero de entrada, ninguna chica tendría que ser sometida a algo así por el mero hecho de jugar a un videojuego, y si pasa porque éramos un “adolescente y cóctel de hormonas” (nadie es perfecto, yo tampoco) debemos, ahora adultos, ser críticos con ello y no verlo como una expresión de libertad maravillosa. Si acaso, habla bien de la chica y su par de ovarios, nada más.

El artículo alaba un artículo previo, desencadenante de este, porque la autora “le ha echado un par de ovarios para no caer en el insulto fácil, en el odio, en la queja y la estupidez.” mientras que en la siguiente línea dice “me flipa que no haya aprovechado para emular las sandeces de la Sarkeesian“. No sé qué es peor, que el autor admita que le sorprende que una mujer escriba sin decir sandeces, o que tilde como sandeces lo que dice Anita Sarkeesian cuando, como hemos visto, no parece saber muy bien lo que la norteamericana ha dicho. Espero que este artículo sirva de algo, no solo a Rafa del Río, también a todos sus lectores, aunque solo sea porque, citando a un video de Feminist Frequency protagonizado por hombres (tienen escroto y no les acusan de machistas, eso también era mentira) parece que una sandez es menos sandez si lo dice un hombre.

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