Análisis | Mario Party 10 Party hard en HD

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Mario Party es una de esas sagas de videojuegos que han estado ahí, haciendo poquito ruido, pero que siempre ha mantenido unos estándares de calidad aceptables. No son juegos sobresalientes porque no son ambiciosos. Ni falta que les hace. Y, por supuesto, no son mediocres, ni mucho menos malos. Esta décima entrega numerada es más de lo mismo. Es otro de esos títulos que, al igual que sus predecesores, vienen de puta madre si lo que queremos es quedarnos sin amigos.

Mario Party 10 es la primera entrega de la saga en Wii U, por lo que podéis pensar que su compra es obligada si lo que queremos es pasar una tarde amena con los amigotes en casa. Y supongo que es precisamente por esto por lo que estáis aquí, ¿verdad? Para saber si es un videojuego que merece verdaderamente la pena. De antemano os digo que sí, que me ha dado muchas horas de risas y diversión, y todavía tiene que darme bastantes más. Pero, como dijo Jack el Destripador: «vamos por partes».

Dado que el último juego de la saga al que he metido mucha caña fue Mario Party 5, puede que no sepa apreciar realmente el cambio que ha habido de la novena entrega a esta décima. Si es lo suficientemente radical como para ser considerado algo relativamente novedoso, y no simplemente la típica maniobra de lavado de cara y selección de minijuegos nuevos. Como ya os digo, a Mario Party 9 he jugado más bien poquito y lo cierto es que me pareció un pelín descafeinado y sosainas.

Como es habitual, hay varios modos de juego y minijuegos de todo tipo. La variedad es bastante alta y es un jueguico con el que es muy jodido aburrirse. Hasta sin amigos puedes pasar un buen ratete, ya que podemos hacer que algunos personajes sean controlados por la consola. Muchas risas con los inhumanos tiempos de reacción en según qué minijuegos si osamos colocar a alguno de los bots en las dificultades más altas.

El modo principal de juego es Mario Party. Es una especie de juego de la oca, con distintas casillas que pueden ser beneficiosas o putadas del quince. La meta es ser el que más dinero tenga al final. Ahora bien, la gracia está en que, al igual que en Mario Party 9, todos los personajes se mueven en el mismo vehículo. Solo es afectado por los diversos elementos del tablero el jugador cuyo turno esté activo, es decir, que si tenemos la mala suerte de perder dinero por alguna trampa, lo perderemos únicamente nosotros y no las otras tres personas.

Una de las cosas que más me ha gustado de esta modalidad —y del juego en general, vaya— es el buen uso que se le da a lo de la integración con el Gamepad de Wii U. En este caso, en la pantalla del mando aparecerá Bowser encarcelado. Si entre todos los jugadores sacamos todas las caras del dado a la hora de tirar —los números del uno al seis, en el caso de que no se me entienda—, liberaremos al tirano y la liará muy parda, empezando por el pobre desgraciado que haya tenido la mala suerte de soltar a la bestia.

Al final de cada turno, y/o de forma repentina, podemos participar en un minijuego de entre los más de setenta disponibles. Dos contra dos, uno contra tres, o todos contra todos. La selección es hilarante y variada por lo general, muy en la línea de anteriores entregas. Los tableros están divididos en varios puntos, y al llegar a ellos participaremos en minijuegos especiales de jefe, que son una suerte de pelea contra un enemigo bastante gordo en la que gana más perras el que más daño le inflija.

Se le puede echar en cara que en este modo de juego solo haya cinco tableros. Al menos cada uno es radicalmente distinto al anterior en cuanto a temática, y se han molestado en ponerle cositas especiales en forma de casillas y eventos exclusivos, que hacen que haya heterogeneidad entre ellos.

Por supuesto, si lo que queremos es jugar a los minijuegos sin tener que organizar una partida de este tipo, que fácilmente se nos puede ir a los veinte minutos o media hora, podemos hacerlo, y sin necesidad de haberlos desbloqueado previamente. Los únicos bloqueados son los de jefe, y para tenerlos disponibles tendremos que haber participado en ellos al menos una vez.

No obstante, la auténtica bomba de Mario Party 10 es el modo de juego Bowser Party, en el que un jugador puede encarnar al malévolo a la par que carismático personaje, y jugar contra otros cuatro personajes más. La dinámica es similar a la de una partida de Mario Party, excepto porque los cuatro jugadores ahora cooperan en lugar de putearse entre sí. Su objetivo es llegar con vida al final del tablero, y el del rey es liquidarlos. Se eliminan los minijuegos estándar y en su lugar solo se usan los minijuegos de Bowser, bastante más hilarantes de lo normal. Podría haber más, sí, pero tampoco da la sensación de que haya escasez. En cualquier caso, están los justos. Tengamos también en cuenta que lo común no es ir a minijuego por turno, sino ir mermando poco a poco al rival e ir recortando distancias usando las distintas triquiñuelas de las que se dispone como dados extra y elementos del escenario que otorgan salud adicional.

El tercer modo en discordia es amiibo Party, y como su nombre indica, necesitamos amiibos para poder jugarlo. En otras palabras: sin uno de los muñequitos no podrás acceder a esta modalidad. Algo que francamente me parece vergonzoso, porque literalmente te están bloqueando contenido en disco y tienes que comprar una pieza de merchandising física para desbloquearla. Una llave, vamos. El modo de juego no es que sea la pera precisamente: es el modo clásico de Mario Party. Un parchís en el que avanzamos por el tablero —completamente cuadrado en este caso, soso de cojones— para comprar estrellas. La victoria la alcanzará el que más tenga al acabar la partida, y dichos objetos se compran con las monedas que obtenemos por caer en ciertas casillas o por ganar minijuegos. A ver, es un añadido extra que está ahí y no molesta para nada, pero lo de bloquearlo de la forma de la que os estoy comentando me parece simple y llanamente una cabronada.

También tenemos por ahí algunos otros minijuegos más elaborados aparte que no entran en ninguna de las otras categorías, entre los que destaco el bádminton. Es acojonante cómo una chorrada tan simple ha hecho que me vicie como un condenado con los colegas. Y es con cosas como esta cuando te percatas de la jodida magia que solo Nintendo es capaz de hacer. Con las cosas más sencillas te entretienes y las exprimes hasta la saciedad. Su accesibilidad y facilidad de manejo es envidiable. Al margen de este deporte, tenemos otros eventos menos divertidos como puzles, duelos uno contra uno con Bowsy, un par de cositas más que fijaos si son buenas que se me han olvidado. ¡Ah! Y otro de los extras es un estudio fotográfico en el que podemos tomar fotografías a nuestros amiibos, usando para ello distintos fondos, efectos, y los elementos típicos de una opción de estas características.

A nivel gráfico el salto a la alta definición le ha sentado como anillo al dedo. Los bucólicos, bonitos y coloridos escenarios destacan aún más en un televisor bien grandote, de los de chorrosocotocientas mil pulgadas. Evidentemente no está a la vanguardia tecnológica de Wii U y mucho menos del panorama videojueguil actual, pero tiene una solidez envidiable, y en las más de cincuenta horas que le he echado no he visto ni un solo bug derivado por posibles problemas gráficos. Vamos, que todo funciona como debe, que ya es bastante más de lo que pueden decir muchos otros videojuegos de en teoría mayor renombre y presupuesto.

En el aspecto sonoro también cumple con creces. A las melodías alegres de los escenarios animados tenemos que sumarle las clásicas marchas tenebrosas de los lóbregos bosques repletos de fantasmas, y de otras localizaciones menos, digamos, divertidas, como el castillo de Bowser. A esta decente banda sonora tenemos que sumarle los hilarantes efectos de sonido y las voces del maestro Charles Martinet, habitualisísimo de la saga, dándole vida a personajes como Mario, Luigi, Wario y Waluigi.

En definitiva. Respondo de nuevo a la pregunta por la que todos estáis aquí. ¿Merece la pena Mario Party 10? Sí, joder. Incluso aunque no tengáis amigos con los que jugarlo, os dará para alguna tarde que otra medianamente amena. Pero evidentemente como se explota este tipo de juegos es con más gente en la misma habitación, para poder cagarte en su estirpe si procede, y viceversa. Querer jugarlo sin compañía es como jugar a un Dance Dance Revolution con un mando. Es perfectamente posible, sí, pero no es lo mismo ni de puta coña.

Aunque sean de géneros completamente distintos, no me he podido quitar de la cabeza que Mario Party 10 es a lo que aspiraba ser Splatoon, y se quedó a mitad de camino. Puede que a veces el factor suerte sea demasiado determinante en las partidas. Razón de más para consolidar a este jueguico como un rompeamigos en toda regla. En cualquier caso, y no es por seguir siendo pesadito: Mario Party 10 no es un juego sobresaliente, pero es que tampoco le hace falta. No obstante sí que es uno de esos juegos imprescindibles si queremos montarnos algo guapo en casa con los colegas, junto con otros como Super Smash Bros. de Wii U y Mario Kart 8.

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