Análisis | Splatoon Diversión pasada por agua

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Ay, Splatoon. ¿Por dónde empezar? Pues por el principio, hijo de mi vida. No querrás empezar la casa por el puñetero tejado, ¿no? Splatoon ha sido un jueguico que ha dado mucho de qué hablar, y principalmente por los memes. Sí, niños, sí. Es un juego que ha tenido una repercusión mediática del carajo en las redes sociales gracias a la creatividad de sus jugadores y a la integración de Miiverse —esa suerte de Twitter de Wii U— en el juego, en forma de mensajes personalizados de los usuarios y también apareciendo en vallas publicitarias en los niveles.

Es un videojuego que me lo compré por un poquito de presión social —se veía a todo el mundo contentillo con él por las redes, precisamente por lo que acabo de comentar— y porque ha salido a precio reducido, unos treinta euros escasos. No obstante, y pese a todo, tengo la impresión de que Splatoon no vale lo que cuesta. Estamos ante un título sorprendentemente falto de contenido, pero ojo, con la promesa de que en los meses sucesivos a su salida irían lanzando cositas gratuitas en forma de niveles y armas. Contenido que, al fin y al cabo, nadie te dice a ti que no hayan retirado de la versión final del juego para ir «regalándolo» con el paso del tiempo. En total habrá unos catorce mapas para el multijugador, que son los que suele haber en el Call of Duty de turno. Y aquí es donde empieza una de las primeras trampas: no habría problema alguno si de primeras estuviesen estos catorce o quince escenarios y luego añadiesen más. Pero la realidad es bien distinta: de salida, solo hay cinco. Y algunos de los «nuevos» están bloqueados en el propio disco de una forma muy, pero que muy descarada, ya que se usan en el modo monojugador.

Que hablando del single player, telita. Pero marinera. Para ser el buque insignia de Nintendo y querer consagrar a este juego —esto dicho por ellos mismos— al nivel de otras sagas como Mario, Zelda, o Metroid, han hecho uno de los modos para un jugador más sosos que recuerdo de la compañía. Y esto es malo. Y peor aún en una consola para la que los lanzamientos brillan por su ausencia. No tengo problema alguno con el hecho de que el argumento sea una mera excusa y puesta en situación, al más puro estilo juego de recreativas. Con lo que sí que tengo el problema es con su desarrollo. Repetitivo, tedioso, aburrido.

Pongámonos en escena. El jueguico este de los calamares es un título de disparos en tercera persona. La gracia está en que vamos pintando superficies con tinta. Mientras estamos en esa tinta, podemos avanzar en forma de calamar más rápido que si vamos a patita con nuestro Inkling, que es como se llama el monigote. Los enemigos son dañados al tocar la tinta de nuestro color, y viceversa. Es una movida muy sencilla, y hasta original. Ahora bien, el problema del singleplayer está en que es una de las cosas más sosas que he visto en mucho tiempo, pese a partir de una base jugable muy sólida. Los niveles son plataformas suspendidas sobre el vacío —me recuerdan mucho a las fases de bonus de Super Mario Sunshine en este aspecto— conectadas entre sí de mala gana. Para empezar da una imagen de pereza a la hora de diseñarlos. Imagen que se acentúa cuando vemos que algunos niveles son directamente mapas del multijugador, que da la impresión de que los han metido ahí de relleno, sin más.

Teniendo en cuenta que Splatoon se mostró por primera vez en el E3 del año pasado, esperaba muchísimo más en este aspecto, y no algo tan absurdamente simple, vacuo, y carente de chicha. Los jefes finales al principio me llegaron a sorprender. Uno de ellos incluso llegó a recordarme a otro de Metroid Prime. Originalitos a priori, genéricos y simples de cojones en cuanto has visto más de dos. Una vez desgranado el modo historia de este videojuego, nos quedan las vertientes multijugador.

Cuando lo arrancamos, se nos da la bienvenida a una plaza bastante maja y llena de vida que hace de menú principal muy elaborado. Podemos ver los jugadores recientes con los que nos hemos topado, sus mensajitos de Miiverse, su equipamiento, y cosas del palo. También podemos acceder a las distintas tiendas para comprar prendas con las que personalizar a nuestro Inkling, cada una con aspecto y atributos distintos. Los atributos son habilidades especiales, como menor gasto de tinta por disparo, mayor velocidad en modo calamar… ya os lo podéis imaginar. Son las perks que popularizó Call of Duty 4: Modern Warfare en su multijugador. ¿Qué quiero decir con esto? Que igual Splatoon no es tan original como pensábamos, cuidadín con esto.

La guinda para el pastel se la lleva el modo multijugador en línea: en todos los sentidos. Y sí, en singular. EL modo, porque solo hay uno, consistente en pintar el mapa más que el equipo rival. Es tremendamente divertido, frenético, y adictivo. Sus partidas de tres minutos se hacen muy amenas, y como te descuides te puedes pasar toda la tarde jugándolo. Pero solo hay un jodido modo de juego. En el momento en el que os estoy comentando todo esto hay más de uno; al margen de las partidas de jugador tenemos las clasificatorias en las que lucharemos contra otro equipo por tomar el control del centro del nivel. No obstante, siempre que escribo sobre jueguicos tomo el juego base teniendo en cuenta cómo es el día de su salida.

Y esto es, en esencia, Splatoon. Un please understand en toda regla. Un título que, pese a que es divertido como comento —y más con amigos, como es habitual—, no inventa la rueda, y parece estar hecho con prisas y de mala gana en lugar del mimo habitual de otros jueguines de la Gran N.

Tenemos por ahí también un multijugador local soso y que, hablando en plata, es La Cagada™, consistente en explotar más globos que el otro jugador. Sí, que EL OTRO, puesto que es solo para dos personas, con Mando Pro obligatorio para un segundo jugador, y sin bots de ningún tipo. La pochez, algo impensable en un juego de Nintendo cuya razón de ser es, en teoría, la pandilocura con los colegas.

También hay algunos minijuegos y desafíos desbloqueables mediante los amiibo de rigor. Poquita cosa realmente. Y bueno, me acabo de percatar de que apenas he hablado del plano técnico del juego. Es muy bonito a nivel visual y tiene mucha personalidad. Su estética urbana y a veces macarra recuerdan mucho al gran Jet Set Radio, aunque no llega a ser tan radical como este. Es un título sólido y colorido, y cuya tasa de frames permanece estable en todo momento.

La banda sonora, bueno. Voy a hablar lo justo sobre ella porque me enervo. Solo recuerdo dos temas intercalándose en prácticamente todos los niveles del modo historia, y el del multijugador. Y para de contar. Son alegres y tal, pero a la larga acaban machacándote el oído de mala manera. Vamos, que en el apartado sonoro MAL.

El código de red no es todo lo estable que cabría esperar en un juego enfocado principalmente al multijugador en línea. Las caídas son frecuentes, y el lag está presente. A eso sumémosle que no nos podemos unir a una partida en marcha, por lo que si se cae alguien de nuestro equipo podemos dar la partida por perdida por la inferioridad numérica con respecto al otro equipo. Es algo francamente triste y que da mucha ternurita por ser Nintendo quien lo hace, llegando siempre tarde y mal a la implementación de este tipo de cosas.

Pese a todo, es divertido. Y mucho. Joder, me he echado mis buenas risas con los colegas. Los chascarrillos con moluscos y cefalópodos eran constantes y obligatorios. Horas ahí haciendo el tonto y pasando un rato agradable. No obstante, seamos un poco críticos y tengamos un poco de vista, por favor. Valoremos a las cosas por lo que son, y no por lo que podrían ser. Splatoon podría llegar a ser un grandísimo juego. Pero no lo es. Y me gustaría saber si por inexperiencia en el género, por dejadez, por pereza, o qué. Lo de fragmentarlo en varios pedazos le hace más mal que bien. La falta de variedad derivada de la escasez de contenido me parece un escupitajo en toda la cara del jugador. Splatoon más que una forma de reflotar ese barco a la deriva que es Wii U, me parece un simple parche que han querido poner en uno de los muchos agujeros de este navío sin capitán. Os lo recomiendo solo si sabéis con seguridad que vais a jugarlo con amigos.

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