Por qué son necesarias las notas

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Hoy he añadido una nueva página al blog. Una en la que intento explicar con mis propias palabras qué significa cada numerito que podéis ver al final de todas las reseñas que hay aquí sobre videojuegos. Una pequeña guía que a la vez sirve como declaración de intenciones, que complemento con el texto que estáis leyendo en este preciso instante.

Mucho he leído y oído hablar sobre lo negativo que es catalogar algo mediante un número, de la tiranía de webs que agregan puntuaciones como Metacritic o Gamerankings, y que hay intereses de por medio tras las notas, y que qué mal que los de Obsidian no se llevasen paga extra por no haber llegado al 85 en Metacritic, obviando de forma cómica que ahí el sitio web ni pincha ni corta, en todo caso los responsables de que no se llevasen la prima fueron los de Bethesda, que les publicó el juego. A ver, como dijo Jack el Destripador: vamos por partes.

No veo nada de malo en poner notas a los videojuegos. Pero tampoco voy a caer en un ad antiquitatem y justificar esto —y justificarme a mí mismo— con eso de es que es algo que se ha estado haciendo desde siempre. Lo criticable es, en todo caso, que no haya correlación entre texto y número. Que me vendas la moto con un texto que endiose a ese videojuego tan esperado y que sin embargo luego le casques un cinco porque te ha salido de ahí. También es aplicable al revés. ¿Ejemplos así? A patadas. En ese aspecto, por supuesto, procuro aplicarme el cuento. No considero que mi opinión sea influyente en absoluto, y si pongo números al final de los análisis —una forma muy pretenciosa de llamar a una reseña— es por mi afán catalogador, ni más, ni menos. Siento la necesidad de ordenar todo, incluyendo lo que me gustan los videojuegos que completo. Vamos, que lo que veis es una escala total y completamente subjetiva, y no una verdad universal ni nada parecido.

No pretendo ser objetivo al hablar sobre una obra audiovisual, y de todos modos creo que tampoco lo conseguiría porque no creo en una objetividad total. De uno u otro modo empañamos ese videojuego del que hablamos con nuestras expectativas, experiencias, y estado de ánimo. Lo que es un tres se puede convertir en un siete perfectamente si en lugar de pagar por él te lo regalan, porque no te ha dolido en el bolsillo. Un binarismo loco. Somos unos Schrödinger de garrafón. Destrozamos cosas bonitas con tal de moldearlas a nuestros gustos.

Estamos ante un sistema que fomenta este tipo de cosas; sin padrino no llegas a ningún lado

¿Que las notas están mal porque hay intereses detrás? Según el sitio. Como todo. Es innegable que en muchas webs grandes —y aquí me abstengo de nombrar a nadie para evitar pillarme los dedos— la cosa va tal que así: tú como medio das tal nota al videojuego de fulano; y fulano, a cambio, con las ventas extra que obtiene gracias a tu crítica —ya que eres un medio grande y posees influencia sobre la opinión de un gran número de personas— se asegura de que tendrás regalos en forma de viajes, invitaciones a eventos, noticias exclusivas, y demás. Que es una práctica poco moral y ética es innegable. Pero por otro lado, estamos ante un sistema que fomenta este tipo de cosas; sin padrino no llegas a ningún lado. El pez que se muerde la cola. Retroalimentación a tope.

«Pero, Slugger, estás divagando como un cabrón. ¿Qué coño tiene esto que ver contigo?», os preguntaréis. Una cosa muy simple: mis notas son mías, y de nadie más. Cualquier persona con dos dedos de frente se da cuenta de que al fin y al cabo son eso, opiniones. Ninguna prevalece sobre ninguna otra. Es más, para vuestra información, Warehouse 33 está financiado íntegramente con dinero de mi bolsillo. Vamos, que es por mero hobby. Y me está costando billetes, en lugar de generarlos. Sí, bueno, últimamente ando de experimentos con banners de publicidad y demás —Kinguin en este caso—, pero a lo que voy: no hay intereses ocultos detrás. Si en algún momento discrepas conmigo con cualquier texto —o de cualquier colaborador si lo hubiere— es por una simple cuestión de opiniones. Tampoco es que quiera imponer mi criterio sobre el de los demás con absurdas pataletas pasivo-agresivas como sí que he visto por ahí. Aquí no hay ninguna mano negra manipulando todo tras la cortina y manejándonos como a títeres. Porque en una blogosfera superpoblada de sitios con contenido similar, solo queda una opción de supervivencia: la diferenciación. Renovarse, o morir. Adaptación. Darwin. I Ching.

Continuando con el tema notas y, para concluir, os voy a comentar algo que me parece bastante curioso. Por regla general me divierto más con títulos que tienen poca nota que con otros que tienen un poquito más. Aquí se produce eso de «es tan malo que es bueno», solo que es un razonamiento tan de mierda que él mismo se autoexplica: es una forma tan mala de explicar las cosas que es buena. Solo que no. Al final no acaba colando y lo que antes eran risas luego necesita ser revisado por lo que es, y no por lo que yo quiero ver. Creo que se explica mejor con un gráfico que colocaré por aquí, en alguna parte, alrededor del texto. Y tiene cierta lógica, en el fondo. Me lo paso mejor con videojuegos tan mal hechos que a veces es difícil creer que no hayan sido hechos así adrede que con otros que simplemente me aburren y me provocan sopor por distintos motivos, como ser algo trilladísimo o ser pretenciosos. Y poca broma con esto: me lo he pasado mejor con Rogue Warrior que con The Last of Us, pese a ser perfectamente consciente de que el primero es mucho peor. Y por si queréis buscarlo, ya os lo ahorro yo: el juego de Naughty Dog se llevó un cinco en esta casa porque me aburrió un huevo.

Las notas son un elemento tan válido como cualquier otro a la hora de valorar un producto. En este caso, videojuegos. Es una herramienta más que, bien usada, puede dar fuerza a lo que queremos expresar. Evidentemente cualquiera que junte letras puede valorar si usar este elemento o no. Para eso estamos en un país libre y ganamos la Guerra de Vietnam, ¿no? No os toméis lo que veáis aquí como algo que os podáis aplicar a vosotros mismos cuando evidentemente no tenemos los mismos gustos por la sencilla razón de que es imposible. Tomáoslo más como una especie de diario en el que desmenuzo minuciosamente los videojuegos que completo y en el que voy anotando qué es lo que me gusta y qué es lo que no.

Las notas son necesarias. Al menos, para mí.

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