Solo son videojuegos

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Solo son videojuegos. Eso es lo que muchos deberíamos repetirnos a diario. Porque solo suponen eso, un hobby. Algo en lo que gastar nuestro tiempo y nuestro dinero. Darles más importancia y atención de la que merecen es, como con cualquier otra cosa, algo imprudente e incluso enfermizo.

Hoy he visto tantas barbaridades en Twitter a raíz del vídeo que incrusto a continuación que me he animado a escribir. Y esto es bueno. Hay que darle vidilla a esto, tanto escribiendo reseñas como con artículos de opinión como este. Sin más dilación, el vídeo, cuyo visionado es obligatorio para entender por qué he escrito lo que estáis leyendo:

Qué bien todo, ¿eh? FortFast va entrevistando a unos cuantos chavales en la Madrid Games Week, haciéndoles preguntas de culturilla general sobre videojuegos. Estos las responden de forma errónea —con alguna excepción—, y la gente se ríe y/o se indigna a costa de la ignorancia de los entrevistados en este campo. No es un caso aislado. Simplemente con un vistazo rápido a su canal de YouTube vemos que la mayoría de los vídeos siguen la misma tónica: preguntas sobre un determinado tema a gente al azar, y mucho risor generado por lo errado de sus respuestas.

Si somos medianamente avispados nos damos cuenta del claro error de base que esto supone. Es el llamado cherrypicking, una falacia de evidencia incompleta. La muestra que él toma a la hora de hacer estas pseudoentrevistas no es ni mucho menos extrapolable al cómputo total de la población. Simplemente se elige a unas cuantas personas que respondan de la forma que nosotros queremos —y si por un casual aciertan, siempre podemos cortarlo en el montaje final del vídeo— y la imaginación del público hace el resto.

Al César lo que es del César: este tipo de contenido funciona. FortFast es listo. No hay más que ver qué tipo de programación televisiva es la que tiene más audiencia: los programas de telerrealidad en los que aparecen auténticos borregos. La mayor parte de su audiencia es, precisamente, la que se siente superior —intelectualmente hablando, se sobreentiende— a la o las personas que están al otro lado de la pantalla. No tiene ningún misterio.

De esto va la cosa en el fondo. De chovinismo, clasismo, un falso status quo intelectual y, en definitiva, de ver quién es más o menos válido

Sabiendo esto, me parece realmente lamentable que haya gente con los huevos bien negros que tenga el valor de criticar a los chavales del vídeo simplemente por ser chavales; por desconocer obras que no son de su generación y que, por algún loco motivo que se me escapa, deberían conocer. En caso contrario, no son gamers de verdad. De esto va la cosa en el fondo. De chovinismo, clasismo, un falso status quo intelectual y, en definitiva, de ver quién es más o menos válido.

Esta mentalidad tan infantil y tan de «la cabañita en el árbol a la que solo pueden entrar los niños más guays» me repugna, porque yo también he pasado por esa fase. Y sinceramente, me avergüenzo de alguna que otra conducta similar en el pasado. Es por ello que, al iniciarse hoy un debate alrededor de este vídeo y su contenido, me ha sentado bastante mal ver a gente a la que yo tengo por gente guapa cayendo en este error tan gordo. Supongo que vosotros a los ocho años os sabíais el catálogo de Amstrad CPC al dedillo y le habíais echado también vuestras cuantas horas al Catacomb 3D, ¿verdad?

No pretendo hacer aquí apología de la ignorancia, ni mucho menos. Más bien un llamamiento a la cordura. Este tipo de conductas, tan excluyentes lo único que hacen es reforzar el estereotipo negativo de que los jugadores de videojuegos somos asociales y no aceptamos a gente nueva que quiera compartir este hobby. Porque es lo que es esto en el fondo. Un hobby. Un simple, burdo, y jodido hobby. Nadie es mejor o peor jugador —o persona— por tener un bagaje cultural más o menos extenso. Jugad, dejad jugar, cojones. Solo son videojuegos.

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