Análisis | Call of Duty: Black Ops III Vuelve la gallina de los huevos de oro de Activision con la entrega más solida hasta la fecha

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Año nuevo, Call of Duty nuevo. Solo que esta vez tocaba el bueno, el del equipo de Mark Lamia. Nada que ver con el bluff que me pareció el de 2014, Advanced Warfare, desarrollado por Sledgehammer Games. No sé cómo se las ha apañado exactamente la muchachada de Treyarch, pero ha conseguido superar el listón que puso con Black Ops II, el cual no estaba bajo precisamente.

¿Qué puede tener este título que no tengan los otros ya? Puedo entender hasta cierto punto vuestras dudas, sobre todo por el estigma que tiene esta serie de videojuegos de mediocre por su público mayoritario —los comúnmente llamados «niños rata»—, pero no deberíamos dejarnos llevar por meros prejuicios. Aquí estamos para juzgar a la obra propiamente dicha, no a los autores y mucho menos a las circunstancias que rodean a este producto de entretenimiento digital.

Black Ops III nos sitúa mucho más adelante en el futuro que BOII, el cual estaba ambientado en 2025. Nos encontramos en el año 2065. El follón que lió Raúl Menéndez cuarenta años atrás propició la aparición de tecnología especializada en la protección del espacio aéreo. Los asaltos usando aeronaves armadas ya no son viables, por lo que la guerra sufre una regresión en la cual los individuos de a pie vuelven a tener mayor protagonismo. Un protagonismo que se acentúa si tenemos en cuenta que el progreso tecnológico permite que se realicen modificaciones corporales a seres humanos usando implantes biomecánicos que los convierten en ciborgs con capacidades sobrehumanas. Estos ciborgs son ahora las principales fuerzas de choque en los campos de batalla del planeta, junto con robots de combate. La gente no está cómoda con la idea de una eventual revuelta digital y se desarrolla una tecnofobia atroz y un miedo inusitado hacia la robótica y las inteligencias artificiales. Como consecuencia, hay un caos generalizado, y los disturbios se suceden por todo el globo.

Otra de las consecuencias que tuvo el ataque de Menéndez en suelo yanqui fue una división del globo en dos grandes bandos bien diferenciados, comenzando una nueva Guerra Fría. Por un lado tenemos el Acuerdo Winslow, compuesto por los Estados Unidos de América, Egipto, Francia, Reino Unido y Alemania; y por otro tenemos al Pacto de Defensa Común, liderado por Rusia y en el que se incluyen todos los países de Europa que no forman parte del Acuerdo Winslow.

La trama nos ofrece un escenario geopolítico bastante interesante, aunque por desgracia no se ahonda demasiado en él. No obstante, lo que más me ha gustado de este modo historia es el hecho de que ya no estamos ante un shooter militar al uso, sino ante una historia de cyberpunk con todas las de la ley. Tenemos todos los elementos característicos del género: individuos con modificaciones corporales, un sentimiento de rechazo y miedo por parte del resto de la sociedad no aumentada, ciborgs, inteligencias artificiales y megacorporaciones. Probablemente me deje algo más en el tintero, pero ahí queda eso. El único punto negativo que veo en el apartado de la trama es que apenas conecta la historia con la de los anteriores. Hay alguna que otra referencia por ahí, aunque más bien es algo que se hace de tapadillo. Aunque esto en el fondo igual no es tan malo. Lo mismo era hora de avanzar y mirar hacia adelante, pese a compartir nombre.

En el plano técnico, Black Ops III luce de maravilla. Al menos en la versión de PlayStation 4, cuya versión es la que poseo y a la que pertenecen las imágenes que podéis ver. La tasa de frames es estable en todo momento, a unos rocosos 60FPS, y una resolución de 1080p. En Xbox One es algo menor, y en las consolas de la pasada generación ya ni os digo. En compatibles la optimización del juego parece ser relativamente buena.

Los escenarios son algo más grandes de lo habitual en la saga, sobre todo los de campaña. Están bien adaptados al hecho de que ahora podemos jugarla por completo con hasta tres personas más, tanto a pantalla partida como vía internet. El armamento tiene el aspecto futurista que cabría esperar y su modelado es tremendamente convincente. Hay heterogeneidad en nuestro arsenal y también en las localizaciones que visitamos, pese a que durante la trama nos movemos más bien poquito de sitio. Laboratorios, instalaciones supersecretas, megalópolis del futuro y zonas de guerra urbanas son algunos de los ejemplos de los sitios que visitaremos.

La crudeza de la que se ha querido dotar a este tercer Black Ops es algo que se ha dejado patente en el plano gráfico. Hay mucha más casquería, prácticamente al mismo nivel e incluso mayor que el de World at War, también de Treyarch. La sangre se derrama no por hectolitros, pero casi, y el juego no se corta un pelo a la hora de mostrarnos todo tipo de perrerías y mutilaciones, tanto en tercera como primera persona. Que hablando de desmembramientos, otro aspecto bastante interesante es cómo los enemigos robóticos van perdiendo piezas en función de la zona en la que les impactemos con nuestras balas. Esto me ha recordado a Binary Domain, un videojuego bastante tapado que llevaba bastante bien este aspecto.

Las escenas que se suceden a lo largo de los distintos modos, no solo de la campaña tienen un buen nivel general aunque no están exentas de pequeños y puntuales problemas técnicos como algunos cambios de plano algo bruscos. Nada grave, aunque afean un poco el conjunto. A Black Ops III han prestado sus rostros y sus voces actores conocidos como Christopher Meloni, Katee Sackhoff, Heather Graham, Neal McDonough, Ron Perlman, Robert Picardo, o Jeff Goldblum. Las animaciones faciales son tremendamente buenas, aunque diría que son superiores las de Advanced Warfare.

La banda sonora compuesta por Jack Wall es bastante decente. No destaca demasiado, pero sabe cuándo y cómo debe sonar para que la tensión y el dramatismo sean máximos en todo momento. Como es habitual, el juego está localizado por completo al castellano. Mientras que la labor de doblaje es realmente buena, echo de menos subtítulos de algún tipo, característica que sí que está presente en la versión original y que incomprensiblemente se ha capado en la edición española. No es la primera vez que pasa y no es algo indispensable para poder disfrutar del juego… a no ser que tengas algún problema de audición, en cuyo caso te la han vuelto a liar. Como nota adicional, debo mencionar que la versión de PS4 goza de una inmersión mayor al resto de versiones por una cosa muy simple y que mola mucho: soltar diversos sonidos por el altavoz del mando. Esto es más evidente en el multijugador, con conversaciones vía radio al solicitar según qué rachas de bajas. Se nota que le han puesto mimo y que se han esforzado en hacer de la experiencia global algo bastante disfrutable.

Dejémonos de florituras y vayamos al mogollón. A la parte fundamental de todo videojuego: el cómo. Su jugabilidad. ¿Es buena? Sí. Pero sin duda lo mejor de este título de Treyarch es, como ya pudimos ver en Black Ops II, la enorme cantidad de contenido. Es, literalmente, varios juegos en uno, lo cual está muy, pero que muy bien. He mencionado antes que la campaña podemos jugarla con hasta tres jugadores más, y ello a su vez ha hecho que los escenarios sean más amplios y cuenten con más rutas con respecto a lo que estamos acostumbrados en la saga. No es una novedad excesivamente rimbombante, pero es algo muy de agradecer. Pese a que las mecánicas del cooperativo —reanimaciones y demás— den la impresión de que podían haber estado algo más pulidas.

Tenemos un sistema de progresión, experiencia y desbloqueos estéticos y armamentísticos que distingue entre los distintos modos de juego, y entre si estamos conectados o no a la red. En otras palabras: el rango que tengas en el modo campaña no tiene por qué ser el del modo multijugador o el del modo zombi, y cada uno tiene sus propias recompensas por ir subiendo de nivel. En la historia, aumentar nuestro nivel por jugar nos permite ir desbloqueando y comprando —en ese orden— nuevas armas y habilidades que nos harán la vida más sencilla. Ahora, además, con la excusa de ser ciborgs podemos desatar una serie de poderes bastante locos que recuerdan bastante a las habilidades de Destiny. Esto es algo que no sorprende porque son títulos que comparten editora. Estas habilidades son muchas y muy variadas, están divididas en tres grupos, contando con siete habilidades distintas en cada uno. Podemos disparar un enjambre de nanobots que quema a nuestros enemigos, hackear torretas para usarlas en contra de ellos, hacer que sus explosivos detonen… es una pasada. Otra novedad bastante interesante del modo campaña es un nuevo modo de dificultad. Realista. Mueres de un tiro. Un desafío solo apto para auténticos majaderos si tenemos en cuenta la superpoblación de enemigos que hay ahora en los escenarios.

Como curiosidad, y esto es algo comprensible hasta cierto punto: la campaña no está incluida en las versiones de Xbox 360 y PlayStation 3. Vale que el port lo ha hecho otra gente, y que es una generación que está muerta y todo lo que queráis, pero no deja de parecerme mal. Aunque quiero suponer que sus motivos habrán tenido, teniendo en cuenta que la saga no suele hacer este tipo de cosas. Le concederemos el beneficio de la duda. Sabed que si queréis adquirir este título para estas dos videoconsolas, esta versión solo incluye los modos multijugador y el modo zombi.

El multijugador es el foco principal de la serie. Es algo que todos sabemos. Y en esta entrega se ha refinado bastante. De nuevo, comparándolo con Advanced Warfare, el título de Treyarch sale ganando de calle. Son muy similares en el hecho de que tenemos opciones de movimiento avanzado, pero mientras que en el juego de Sledgehammer Games eran simplemente dobles saltos caóticos, aquí tenemos un sistema mucho más refinado y sutil. Los propulsores que nuestro soldado lleva incorporados nos permiten movernos de forma grácil, natural e intuitiva por los escenarios y realizar todo tipo de virguerías como deslizamientos locos o correr por las paredes. Parece haber un buen balance en cuanto a armamento, y los modos de juego son los que cabría esperar en un juego de estas características. Como punto positivo, podemos jugar a las variantes multijugador tanto en la misma consola, como en red local con varias, o por internet. Por opciones no será.

El mayor cambio en esta vertiente del juego, y un movimiento inteligente por parte de Activision, es la selección de personaje. Recuerda todo mucho a juegos arena multijugador que tan de moda están hoy día, como League of Legends. Ahora no manejamos soldados aleatorios, sino que tenemos que elegir a nuestro especialista, el cual tiene habilidades especiales que se activan una vez hemos acumulado varios puntos al realizar acciones durante la partida. Estos poderes hacen que el juego sea más interesante, aunque podemos prescindir de ellos totalmente y simplemente no usarlos si así lo deseamos. Son ondas de choque, invisibilidad, armaduras extendidas, y demás cositas que hacen que el juego sea más arcade y divertido.

Tampoco falta a la cita el modo zombi, y esta vez lo hace por partida doble. O triple, mejor dicho. Para empezar, tenemos el modo zombi de toda la vida, con un mapa llamado Shadows of Evil en el que manejamos a varios personajes estereotipados del cine negro ambientado en los años 40. El poli corrupto, la femme fatale, el boxeador tramposo y el ilusionista. Todo ello aderezado con una estética de art déco en un nivel bastante grande y bello, y con no pocas referencias a los los Mitos de Cthulhu, de Lovecraft. Por otro lado, tenemos una campaña de zombis que es básicamente un reciclaje de los escenarios de la campaña estándar sustituyendo los enemigos por no-muertos y con un redoblaje reutilizando las mismas escenas cuyo resultado es bastante cómico. Aún me estoy planteando si esto no será así adrede. Para concluir, vuelve el minijuego Dead Ops Arcade 2: Cyber Avengening —y no, no me estoy inventando el nombre—, un shooter en perspectiva cenital al más puro estilo Smash TV.

Pero ojo, porque la cosa no acaba ahí. También tenemos varias modalidades de entrenamiento de realidad virtual tanto para combatir como para probar nuestra habilidad a la hora de movernos con nuestros cuerpos de ciborg. Una serie de pruebas en las que podremos medirnos con nuestros amigos y ver quién de nosotros es el que se mueve mejor por varios escenarios repletos de trampas. Plataformeo extremo en primera persona. Un modo que estaba ahí de tapadillo y que con la tontería divierte y engancha bastante.

Su trama puede parecer algo pretenciosa, sobre todo con aquel tráiler que incluía a un Edward Snowden de mercadillo. No obstante, creo que está más o menos bien resuelta, y su recta final es una auténtica barbaridad. Ha generado mucho debate, y esto es bueno. Para que os hagáis a la idea, no recuerdo tal revuelo desde Spec Ops: The Line. También hay que reconocer una cosa, y es que es de los pocos títulos que tiene las narices de seguir apostando por el entretenimiento local. Halo 5, por ejemplo, ha dado mucho de qué hablar —para mal— precisamente por capar una de las señas de identidad de su saga: el juego a pantalla partida. Y que se siga apostando por esta opción es algo que hay que seguir teniendo muy en cuenta a la hora de valorar un videojuego. No todos tienen conexión a la red, o simplemente puede apetecernos de vez en cuando jugar con más gente en la misma habitación; el componente social de los videojuegos siempre tiene su aquel.

Es el Call of Duty feminista. Sin ironías, sin coñas, sin bromitas de mal gusto. No es el primero que nos permite manejar a una fémina, pero sí el primero que nos permite hacer tal cosa en el modo historia. Es algo justificado por la propia trama: al estar tan extendidos los aumentos y modificaciones corporales, ya no existe esa brecha de fuerza física entre hombres y mujeres. Ahora los individuos de ambos sexos son máquinas de guerra, literalmente. Sin distinciones. Y esto es algo que también se deja ver en los propios enemigos del juego, que incluyen a féminas y varones por igual. Ahora ellas matan y mueren igual en la guerra. Se acabó lo del sexo débil. Es cierto que el modo campaña estaba pensado para un personaje masculino, y esto se deja entrever con algunos pequeños fallos —se refieren a ella como «él»—, pero las intenciones son buenas en general. No es perfecto, pero es un sólido primer paso para que llueva a gusto de todos. Y todas.

Como veis, tenemos juego para rato, y además el conjunto tiene una solidez brutal. No he tenido apenas problemas ni de conexión ni de bugs ni errores salvo un par de chorraditas puntuales que han sido graciosas, sin más, pero para nada han entorpecido mi experiencia o mi progreso con este juego. Estamos ante un más que serio candidato a juego del año. Treyarch se ha puesto las pilas, y nos ha traído el que es, hasta la fecha, el Call of Duty más completo y ambicioso. Compra obligada para estas navidades.

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