Minecraft, terrorismo, y amarillismo El musical basado en la película basada en la novela basada en hechos reales: el videojuego

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Si no vivís debajo de una piedra, habréis estado al tanto de los horribles atentados del pasado sábado en París y de las consecuencias y repercusiones derivadas de ellos. Una de las principales hipótesis que se barajó fue que los terroristas del autodenominado Estado Islámico se habrían estado comunicando a través de consolas PlayStation 4 para preparar todo. Esto resultó ser un error, y la propia Forbes, emisora de la noticia original, lo desmintió a posteriori, al no haber evidencias suficientes que lo confirmasen.

Como es normal, a Sony no le hizo demasiada gracia esta clase de declaraciones, y tuvo que saltar a la palestra para decir varias perogrulladas, sí, pero que eran necesarias dado lo delicado de la situación. Y la realidad es esta, tal y como declaró un representante de la compañía nipona: cualquier sistema de comunicación entre dos usuarios es susceptible de ser utilizado para actividades ilegales. Pensadlo bien. Vivimos en la sociedad de la información, en la que todo está conectado. Smartphones, tablets, portátiles, ordenadores de sobremesa, videoconsolas, incluso sistemas de domótica y electrodomésticos. Todo, como digo, en línea.

No obstante, el debate general se volvió más interesante cuando se pusieron sobre la mesa posibles formas de comunicación en teoría irrastreables usando como medio un videojuego. Sería posible, por ejemplo, escribir palabras en niveles propiamente dichos de Super Mario Maker con utilizando bloques para crearlas, o del mismo modo en el Call of Duty de turno disparar a una pared para que los agujeros de bala deletreen un mensaje. Serían métodos virtualmente irrastreables por la imposibilidad de tener ojos y oídos siempre en todos sitios. Estas locas teorías —por otro lado y como comento, perfectamente realizables— han servido de combustible para otra ola más de tontuna generalizada. Que si los juegos esto, que si los videojuegos lo otro.

Si los medios convencionales de prensa ya de por sí son amarillistas de cojones, las recientes matanzas en suelo galo han servido como terreno abonado para que sigan haciendo uso y abuso de su mala praxis, poniendo en evidencia lo que realmente son: carroña sedienta de carnaza cuyos valores morales y éticos dejan mucho que desear. Ya lo dice un viejo refrán: no hay mejor noticia que una mala noticia. Los delirantes gazapos se han ido sucediendo durante estos días en distintos medios de comunicación, como por ejemplo confundir un símbolo de Star Wars con el logo del Estado Islámico.

Pero el más loco de todos ellos, por la convicción con la que estos dinosaurios y demás cavernícolas lo dicen, es sin duda considerar Minecraft —juego normalmente asociado con niños pequeños, su target principal teóricamente— un juego de, cito textualmente: «creación para defenderse de determinados ataques», con el que añaden que «se han entrado entrenando los yihadistas». Para cualquier persona mínimamente puesta en el mundillo esto es algo cuanto menos hilarante, y es el enésimo ejemplo de demagogia de los medios de comunicación convencionales hacia algo que no entienden, o no quieren entender. No son más que una cuadrilla de sabandijas que no dudan en echar espumajos por la boca hacia cualquier cosa que no comprenden con tal de llegar a sus mínimos autoestablecidos de share. Ya sabéis, la polémica vende. Contrastar información para qué. Los bufones que han soltado semejante sarta de barbaridades son nuestros amigos y vecinos del canal argentino A24. Minecraft como entrenamiento virtual para terroristas. Tienen los cojonazos de soltar esta perla habiendo otros títulos más adecuados para tal menester. ¿Un ejemplo? Básicamente cualquier juego de disparos.

Esto es algo que ya ha pasado con otras formas de ocio y entretenimiento como el cine o la música. El miedo a lo desconocido hace que saquemos a relucir nuestra peor versión. La desconfianza se apodera de nosotros, y optamos por la vía del odio y la desinformación, que es más cómodo que informarse y hacer lo lógico: adaptarse. Ante la disyuntiva de renovarse o morir, hay individuos lo suficientemente majaras que prefieren la segunda opción, y además prefieren inmolarse de forma cómica.

Necesitamos urgentemente un relevo generacional no solo en prensa, sino en las instituciones en general. Un soplo de aire fresco que haga que deje de haber tanto imbécil encorbatado de cierta edad que lo único que hace es decir sandeces e intentar conservar de forma más bien risible su puesto, usando como principal herramienta la demagogia. Podemos aportar nuestro granito de arena señalando todas y cada una de las meteduras de gamba de esta chusma, porque no tiene otro nombre. Dilapidar su credibilidad gazapo a gazapo, y recomendar a nuestros conocidos que usen un poquito el coco antes de creerse y/o compartir según qué chorradas en sus redes sociales. Que pese a que estamos en la sociedad de la información en la que las noticias vuelan y las verdades se saben a una velocidad loca —cada vez es más jodido ocultarlas—, sigue existiendo esta clase de lacra.

Desde aquí me gustaría hacer un llamamiento a la cordura. A pensárnoslo dos veces antes de compartir esta noticia tan increíble —que luego resulta ser falsa— con tal de obtener cierta repercusión. Nos pueden nuestras ganas de llegar los primeros y nos olvidamos de lo importante, que es llegar bien. Usemos el coco. Un poquito de razonamiento y pensamiento crítico nunca está de más.

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